Pedro Sánchez | Viernes 29 de abril de 2011
Durante la última semana hemos asistido a una ensalada de declaraciones del PP respecto a la impugnación iniciada por el Gobierno de las listas de la coalición Bildu. Las declaraciones del responsable de estos asuntos en el PP, Federico Trillo, avalan la estrategia seguida por el Gobierno de impugnar las listas y no la coalición; mientras Aznar, Acebes, Oreja y Cospedal critican la decisión y exigen la ilegalización de la propia coalición.
Hojear la ley de partidos es esclarecedor: el único cauce recogido en la ley, tal y como recordó el Ministro de Justicia, es la impugnación de las listas de la coalición, nunca de la coalición en sí misma. Luego, lo que propone el coro extremista liderado por Aznar no se recoge en la ley.
Si la cosa está clara ¿a qué tanto ruido del PP? ¿por qué la derecha trata de enredar confundiendo a la opinión pública sobre un asunto tan delicado? El propósito del ruido Ppopular es tapar los éxitos que en la lucha antiterrorista ha protagonizado el Gobierno socialista. Pero los datos echan por tierra sus calumnias. La verdad es que se han desarticulado hasta 4 veces la cúpula de la banda, y el número de detenciones ha superado la cifra de los 720 etarras, en los años de gobierno socialista. El Gobierno acosa a ETA, y la banda está más aislada y acorralada que nunca.
Con todo, a la derecha no le interesa lo que diga la ley. El que la Sra. Cospedal -abogada del estado-, o Aznar, Oreja y Acebes -personas con experiencia al frente de la lucha contraterrorista-, defiendan como legal algo que es a todas luces ilegal demuestra su falta de escrúpulos. Todo les vale con tal de desgastar al Gobierno, incluso, retorcer la ley de partidos y olvidar la actitud leal que el PSOE mantuvo siendo oposición, cuando ellos gobernaron.
Y Rajoy, ¿donde está Rajoy? La desaparición del líder Ppopular llama más la atención ante el protagonismo adquirido por Aznar durante las últimas semanas. Rajoy con su silencio cómplice demuestra situarse en las extremas tesis de su maestro. No es que Rajoy haya desaparecido, está donde siempre ha estado: al lado de su jefe.
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