Distritos

Un corredor peatonal, ciclista y ambiental

Especial Madrid Río (II). El parque

Carmen M. Gutiérrez | Martes 05 de abril de 2011
A partir del 15 de abril el centro de Madrid se ampliará en un buen trecho con la apertura total de Madrid Río, un corredor ambiental de 11 kilómetros pensado para peatones y ciclistas que discurre en paralelo al Manzanares. El paseo, de 95 hectáreas, da continuidad a zonas verdes ya existentes, como la Casa de Campo o el Parque Lineal del Manzanares, y ya se ha convertido en uno de los lugares preferidos en Madrid para pasar el tiempo libre.

Cuatro años después del soterramiento de la M-30, Madrid ultima el ajardinamiento de las márgenes del Manzanares que quedaron liberadas del tránsito de coches. La primera fase del proyecto Madrid Río, en la que se han invertido 407 millones de euros, ha consistido en la creación de un parque de 95 hectáreas -sin contar las dotaciones deportivas-, en el que se han plantado 33.600 árboles. Longitudinalmente mide 11,2 kilómetros, a través de los cuales aúna varias zonas verdes que hasta el momento estaban aisladas.

El Parque del Oeste, la Cuña Verde de la Latina, el Parque de San Isidro, la Casa de Campo, el Parque de Arganzuela o el Parque Lineal del Manzanares conforman ahora junto a Madrid Río "un sistema verde de alcance metropolitano", con 2.961 hectáreas, según explica el director de Proyectos Singulares del Área de Gobierno de Urbanismo del Ayuntamiento, Javier Hernández, quien ha dirigido estos trabajos. No se trata, pues, de una zona verde de barrio, sino de un gran eje que atraviesa seis distritos y atrae la atención de toda la ciudad.

El nuevo eje va desde el puente de los Franceses a la Caja Mágica. Son 11,2 kilómetros de paseo ajardinado que bordea ambas márgenes del río y permite moverse a pie y en bicicleta. El elemento central del trazado lo conforma el Salón de Pinos de la margen derecha -según baja el río-, que mide siete kilómetros de largo. Se empezó trabajando en esta vera del río, la que limita con los distritos de Carabanchel y Latina, pues los vecinos, en algunos puntos, están tan solo a 40 metros del terreno liberado. 

"El madrileño es un cliente muy exigente y muy impaciente. Quiere un parque, pero ya crecido. Lo lógico es usar plantas de seis años máximo, porque las pequeñas, como les pasa a los humanos, son mucho más vitalistas y les cuesta menos adaptarse", asegura Hernández. En Madrid Río, la mayoría de los ejemplares que se han plantado han sido de gran porte. De esta manera, los paseantes tienen sombra desde el primer día, aunque como contraprestación, hay más marras -árboles que no salen adelante-. "La gente percibe las zonas del Salón de Pinos plantadas en 2007 como si estuviesen allí de toda la vida", indica el director de Proyectos Singulares.

Pinos adultos
La elección de los pinos no fue pecata minuta. Se quería que fuesen adultos, pero además, que presentase un aspecto lo más natural posible. Para ello y gracias a la gran cantidad que se encargó, el Ayuntamiento pudo poner sus condiciones. Todos proceden de viveros de monte españoles e italianos -éstos suponen un 10 por ciento- y se seleccionaron los que estaban bifurcados o torcidos, que es como crecen en el campo. También se exigió que estuvieran repicados para que contaran con más probabilidades de salir adelante. Esta técnica consiste en ir dando forma a las raíces durante las paradas vegetativas, cortándolas y escayolándolas, para que el transporte se haga más sencillo y seguro. Además, para que las raíces no entrasen en los túneles, sobre los que se ha construido el paseo, a los pinos se les cortó la raíz de equilibrio, que crece de forma vertical. Para sustituirla, los pinos están sujetos a mallas dentro de la compleja estructura que cierra la M-30 soterrada. 

Además de miles de pinos plantados en el salón de la margen derecha y el tramo de la izquierda entre el puente oblicuo y la pasarela en Y, en Madrid Río se han utilizado otras especies. El criterio de selección para todo el ámbito ha sido el ahorro del agua, aunque en las zonas de ajardinamiento más barroco, como ocurre bajo los puentes de Segovia y Toledo o en el Parque de Arganzuela, se han permitido ciertos caprichos en jardinería. En cualquier caso, todo está pensado para minimizar el consumo de agua regenerada y, más allá de la selección de las especies, el riego es por goteo y solo se activa si las condiciones meteorológicas lo requieren.

El parque de Arganzuela, que abrirá al completo el 15 de abril, es una de las zonas más cuidadas de todo el eje. También fue una de las más afectadas por las obras de soterramiento del tramo oeste de la M-30. Perdió aproximadamente la mitad de su extensión por las obras de la M-30 -pasó de 160.000 hectáreas a unas 70.000-. Una vez que se abra duplicará su superficie respecto a la que tenía originalmente. Finalmente, comprenderá 283 hectáreas, gracias a que ahora puede extenderse hasta más allá de los puentes de Toledo y de Praga.

El leitmotiv del parque de Arganzuela será el agua. El foco de atención siempre ha recaído en la playa de Madrid, que consistirá en tres láminas de agua, con nebulizadores, para que los madrileños puedan refrescarse en verano. Sin embargo, el agua también estará presente en el resto del parque, con más fuentes, la recreación del Canal de Castilla y el graderío que se ha hecho junto al río. En el parque lucirán especies como chopos, olivos, alcornoques, encinas, madroños, granados, higueras o, incluso, camelias, agrupados por sus necesidades hídricas.

En bicicleta

En esta primera etapa -correspondiente a la actual legislatura- se ha actuado del puente de los Franceses hasta el Nudo Sur, pero no es una intervención aislada. Se ha conseguido encajar Madrid Río con el resto de la ciudad, algo que aprovecharán sobre todo los ciclistas. Al Norte, se ha habilitado una pasarela para bicicletas que viene desde la Casa de Campo atravesando la M-30. Después, un carril bici continúa hasta el puente de los Franceses y cruza el río por un puente habilitado para ciclistas y peatones. Desde aquí se conecta con la Senda Real GR-124, la Ciudad Universitaria y la Dehesa de la Villa o el Anillo Ciclista. 

Al Sur, se ha conseguido conectar Madrid Río con el parque Lineal del Manzanares y el parque de Tierno Galván. Para ello se ha hecho una pasarela sobre el río en Legazpi, que conecta con otra que cruza hasta el Parque Lineal del Manzanares y que permite el acceso a través del Anillo Verde Ciclista hasta el Tierno Galván. De esta manera, cuando esté abierto este tramo a mediados de abril, el Nudo Sur -donde convergen diferentes carreteras- dejará de ser una frontera entre las tres zonas verdes. Además, las lomas que bordean las carreteras y que hacen de pantallas acústicas han sido reforestadas para hacer algo más blando este enlace viario. Después del verano, habrá otra alternativa ciclista por la margen derecha, pues el último tramo de Madrid Río hasta la pasarela del Parque Lineal del Manzanares, tendrá carril bici propio, que ejecutarán las empresas propietarias del terreno.

Entre estos extremos, el eje principal de movilidad ciclista es la senda ciclable de color amarillo de siete kilómetros situada a lo largo del Salón de Pinos. Este camino se convierte en un hervidero de personas y ciclistas durante los fines de semana desde que está abierto al público. No hay que olvidar que la preferencia la tienen los peatones, como indicarán las señales que se pondrán próximamente. Además, cuando Madrid Río esté abierto al completo, habrá más espacio para compartir. En el eje también hay zonas sin vías diferenciadas para las bicicletas, como el tramo de la calle de la Ribera del Manzanares, pues la reforma de esta zona que ya presumía de río no se ha llevado a cabo esta legislatura.

Después de cuatro años de trabajos, este mes, madrileños y visitantes podrán disfrutar de esta nueva zona verde de 95 hectáreas, que permite que Madrid vuelva a mirar a la cara a su río, el Manzanares, tantos años arrinconado.