Opinión

Los jóvenes se indignan y reaccionan

Nino Olmeda | Domingo 10 de abril de 2011
 

Un señor de 91 años, el francés de origen alemán Stèphane Hessel ha escrito
¡Indignaos!, un panfleto, en el mejor sentido de la palabra,  como los de
siempre,  contra la pasividad ante lo que vivimos y la que se nos viene encima y contra la   resignación ante la crisis alegando que es lo que es, la codicia
de los que están amontonados a base de sacar el máximo jugo al rendimiento de los demás, y que sólo se puede salir de ella con las recetas de los que nos
metieron en el túnel de la miseria material y espiritual, queriendo gritar con
rabia no nos resignamos.

En la portada se lee que es un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica y no-violenta. También se lee que el prólogo de este librito de rápida y entretenida lectura de un señor que en sus años jóvenes fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, corre a cargo de José Luís Sampedro, de la misma edad que el autor del panfleto revolucionario y que emula a su amigo escribiendo el libro Reacciona, prologado por el mismo Hessel.  Los que nos dicen que el futuro pasa por ser más competitivos, productivos e innovadores parece que han convencido a los que deberían poner freno a los excesos de  los dueños del dinero y a los amos de las finanzas y también regular los mercados y a sus mercaderes. Es decir, que la política está fallando porque los poderes políticos han hecho dejación de sus funciones políticas a favor de los banqueros y demás amantes del neoliberalismo egoísta. Parece ser que los jóvenes han sido los primeros que se han empapado de las llamadas a la reflexión de Hessel y Sampedro para que no nos emborrachemos de consumismo y no nos anestesiemos mientras nos aplican los recortes que no se aplican nuestros eurodiputados que se niegan a dejar los asientos más caros de los aviones para viajar a costa del erario público. Hay miles y miles de jóvenes bien formados que están parados o que trabajan en algunos de los empleos precarios que ofrecen los que dicen que hay que moderar los salarios para salir de la crisis. Casi la mitad de los menores de 25  y que están en edad de tener un curro están apuntados en las oficinas del INEM, o como se llame, y no parece que el futuro que se dibuja ante sus ojos sea halagüeño. Si no curras, no hay casa.

Las oportunidades parecen lejanas y todos empiezan a darse cuenta que serán la primera generación, la  mejor formada, que vivirá peor que sus padres, a los que se les pone más difícil cada día jubilarse, con la reforma que les obliga a hacerlo dos años más tarde de lo obtenido hace mucho. Algunos, ya bastante indignados por la pasividad de las organizaciones políticas juveniles ante el negro panorama, decidieron reaccionar y se manifestaron por las calles de Madrid. Varios miles de ellos se rebelaron gritando contra los recortes, contra el Gobierno de Zapatero y contra el de Esperanza Aguirre y contra todos los que son comprensivos con el sol que achicharra a la mayoría, pero nos sermonean debajo de la sombrilla que les preserva la sesera e impide ver las calvas en sus pensamientos y principios.

La rabia de tantas personas preocupadas por el futuro y porque el destino que otros piensan para ellos no se cumpla, explotó una tarde de sol. Banderas, pancartas y gritos contra la resignación de una juventud que ve cómo el empleo se precariza, también el de sus padres, que si son despedidos pueden recibir 400 euros cuando se les acabe el seguro de paro y que si trabajan tienen que aceptar condiciones laborales y salariales más bien indecentes por miedo a que el patrón encuentre personas que lo harían más barato todavía. Y siente que con el mismo dinero se pueden comprar menos cosas. La gasolina más cara y las hipotecas golpeadas por la subida de los tipos de interés bancario provocan que nuestros ingresos valgan menos y para menos. Todo muy reivindicativo y mucha marcha. Al final, algunos disturbios y poco más.

Como dice Hessel, todo desde el rechazo a la violencia, también la que representan los salarios de mierda, los horarios excesivos y el abuso consentido de los sufridores empresarios. Pasada la manifestación contra el paro, que no contó con los jóvenes de los partidos políticos, excepto IU, porque no tenían claro los cachorros socialistas y populares contra qué gobierno hay que gritar para no perjudicar a sus mayores y dando la sensación que la situación que se describe no les afecta, me dirigí a Lavapiés para disfrutar de la noche y las cervezas. Paré en un sitio gracioso, Tapas y Fotos, tomé unas cervezas y algo de comer y me di de bruces con un espectáculo poético. Seis jóvenes participaban en algo que se llamaba 'El insomnio de los escombros'. El bar en silencio mostraba una mesa con unos poetas soltando su rabia con escritos de carácter intimista, personal y de agitación social. Varios de ellos lucían pegatinas alusivas a la mani contra el paro. Fue una velada perfecta en la que me sentí satisfecho de lo hecho y esperanzado. Todavía es posible detener los destrozos del neoliberalismo, a pesar de que no es fácil saber quién manda en realidad, ni cómo defendernos del atropello, como dice Sampedro en el prólogo del libro de Hessel. ¡Indignaos¡ y luego reaccionar, para que sirváis de ejemplo a esos mayores que tienen temor a hacerlo porque no saben ya "quienes son los míos".

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