Opinión

Permitidme desahogarme

Milagros Hernández | Martes 05 de abril de 2011
Mi situación familiar ha ocasionado durante unos días que los medios de comunicación se hayan interesado por lo ocurrido, es verdad que algunos difundiéndolo con poco rigor, como si se tratara de un informe a rellenar pedido por el jefe.

Pero me ha causado extrañeza que mi situación, que es la de miles de familias que tienen en casa a un hijo con problemas de salud mental por diferentes razones, no ha sido en ningún momento comentada por responsables de la Administración en estos temas. Poco parece que ha importado a la ministra de Sanidad y Política Social o al ministro del Interior, preocupados por los problemas sucesorios en su partido… ¡Así nos va en política!

Y no lo digo, sabe Dios, que sea por que a mí especialmente tengan que tenerme en mayor consideración, sino porque no hacerlo en un caso como este, no decir ni palabra, supone casi negar su existencia.

Nuestro progreso trajo consigo, de la mano de la democracia, revisar
todos los procesos de trato a los sectores más vulnerables, y con ello los procesos de integración e institucionalización. Trajo consigo que se acometieran medidas de reducción en servicios de otras épocas, como internados de menores y las instituciones de salud mental, manicomios o psiquiátricos. Era lógico devolver la dignidad a todas estas personas, niños y adultos, que eran sometidos a largos procesos de 'retirada' de la vida.

Y, aunque es verdad que muchas personas hoy son más felices yendo a su centro de día, o en procesos de acogida, es una realidad que estos procesos se han venido realizando sin acometer paralelamente la puesta en marcha de suficientes recursos y servicios de la comunidad para contribuir a que su vida no sea a costa de la familia. ¡Son miles de familias las que hoy sufren! Son miles de madres y padres los que dejan su vida por la vida de su hijo.

En el caso de las toxicomanías, todavía peor. Cada vez hay más drogas de diseño, cada vez es más aceptado su consumo… pero cada vez las cabezas de muchos jóvenes 'navegan más entre la realidad y la fantasía' sin
apenas poder hacerse cargo de sus vidas, con unos tratamientos que han
avanzado poco respecto a la época de la heroína.

Y cuando pasan la línea, cuando la mentira es su forma de vida y no se puede poner ya freno, pasan del sistema de salud al sistema penitenciario... o algunos se quedan en la Cañada o las Barranquillas.

Un sistema penitenciario que no tiene recursos para los tratamientos que
se necesitan, más de 20.000 enfermos de salud mental en las prisiones
españolas, y unos profesionales que se dejan la vida por ayudarles, dentro
de un contexto adverso y a veces imposible.

Yo reivincico una política que priorice los problemas de las personas, que actúe sobre el sufrimiento devolviendo dignidad humana.

¡No estamos aquí para sufrir!

“Cuando la vida en nuestros hogares y nuestros espacios esté en orden, la
vida de la sociedad estará en orden… y cuando la vida de la sociedad esté
en orden, la vida… estará en paz”.

Milagros Hernández Calvo

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