Ángel del Río | Lunes 04 de abril de 2011
Fin de semana de vino y rosas. Las rosas socialistas, que en la primavera electoral florecen por todas partes. Mítines, presentaciones de candidatos, apoyos, adhesiones inquebrantables, promesas, la sucesión de Zapatero, el oscuro y el claro objeto del deseo… Vino. El vino español con el que algunos han brindado por el anuncio de Zapatero de que no volverá a presentarse a las elecciones. El brindis amigo, que como el fuego amigo, es a veces vino amargo. Brindis por la renuncia del líder, adiós con el corazón, que con el alma no puedo. Los que brindan por quitarse de encima el lastre de Zapatero y los que brindan en plan de despedida emocionante que oculta un suspiro de alivio. Los barones creen haberse quitado un peso de encima que podría lastrar sus aspiraciones autonómicas; los alcaldes, o aspirantes a alcaldes, que piensan que sin ZP en el horizonte de 2012 van a evitar que el Partido Popular centre el debate municipal en clave nacional, aunque Zapatero siga siendo por lo que queda de legislatura presidente de ese gobierno que ha llevado a España a la cola de Europa en crecimiento económico y a la cabeza en destrucción de empleo.
Fin de semana de vino amargo para unos y de sabor dulce para otros, según las afinidades, lealtades e intereses. Fin de semana de rosas, las del PSOE, intentando sobrevivir a la tormenta y no perder los pétalos.
Y el lunes nos devuelve a la realidad de las cosas: el marzo continuó la sangría del paro en España y también en la Comunidad de Madrid. En nuestra región 3.855 personas más se quedaron sin trabajo, y nos vamos acercando al medio millón. Esa es la triste de realidad de un país abducido por la parafernalia política que todo lo emponzoña, que todo lo confunde.
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