Opinión

Habemus palacio

Sara Medialdea | Miércoles 23 de marzo de 2011
Cibeles abre el domingo. El Palacio de Correos, del que muchos madrileños apenas conocen la sala donde años ha se despachaban las cartas, es un tesoro que en sólo unos días va a tener sus puertas abiertas. Han sido muchos años de obras, de polémica, de titulares, de noticias y contranoticias, de críticas aceradas, de denuncias razonables, de gastos propios e impropios. El resultado está a punto de hacerse público, y serán los ciudadanos los que lo evalúen.

Fue Álvarez del Manzano el primero que inició la operación: un "cambio de cromos" que diseñó su concejal de Urbanismo, Ignacio del Río, afectaba a este palacio, el edificio de las cariátides -sede del Santander- y el del BBVA en Alcalá, 45. El siguiente paso fue la idea de Ruiz-Gallardón de llevarse allí el Ayuntamiento de Madrid. Una idea en la que, por cierto, le ganó por la mano Trinidad Jiménez, entonces rutilante candidata a la Alcaldía de Madrid, que metió la propuesta en su programa electoral para 2003 y se adelantó por horas a la presentación de ese mismo proyecto por parte del candidato Ruiz-Gallardón. Con gran "cabreo" de Manuel Cobo, ya entonces a la derecha del alcalde para lo bueno y para lo malo.

La operación se hizo. Costó sangre, sudor y lágrimas: los funcionarios del Ministerio de Ciencia y Tecnología que trabajaban allí no terminaban de marcharse, había que reajustar los precios de los edificios en juego y ajustar las cifras para cuadrar la carambola... fueron años de negociaciones que finalmente se saldaron con unas obras que pudieron empezar en 2005, permitieron la mudanza del alcalde y sus más cercanos en 2007, y ahora finalizan. El equipo Arquimática, que lidera Francisco Rodríguez Partearroyo, ha realizado una labor ingente, con mucho mimo y mucho gusto. El resultado es espectacular. Los madrileños que suban el domingo hasta el mirador, contemplen una nueva vista de "su" diosa Cibeles desde arriba, o paseen por los nuevos espacios destinados a reposo de los turistas o a quienes quieran informarse sobre las actividades culturales de la ciudad, podrán decir después si mereció la pena tanto tiempo, tanta obra y tanto dinero.

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