Nino Olmeda | Viernes 04 de marzo de 2011
Parece que las cosas no van bien. La economía se recupera, pero muy lentamente, a un nivel tan ralentizado que no es posible crear empleo. El paro crece, ya son más de 4,3 millones de personas los que forman el listado de apuntados al INEM.
Por mucho que la economía sumergida dé cuartel a muchos ciudadanos que tienen que buscarse la vida para pagar las deudas de su familia, a la que también tiene que atender, porque no tienen un puesto de trabajo ni tampoco ninguno de los subsidios que ofrecen a los que no tienen nada más que el DNI y una historia que no quiere recordar porque no olvida que estamos peor que hace unos años, esa realidad deja un sendero que no lleva a ningún lugar.
Notas que los ingresos valen menos que antes. La gasolina sube y compruebas, al llenar el depósito, que pagas muchos más euros que hace menos de un año. Los mismos ingresos pero el combustible que mueve nuestro coche vale más caro. Subirán los tipos de interés, el dinero será más caro y las hipotecas se encarecerán. Los ingresos siguen siendo los mismos y ya no es sólo la gasolina la que empequeñece el bloque de dinero que tenemos, si no que ahora se encoge más el pañuelo de los euros disponibles para consumir y vivir porque el recibo del banco correspondiente a la casa de su propiedad en la que vivimos será más costoso que los anteriores.
Todos estos males que padecemos, y los que vienen, tienen que ver con la explosión del precio del barril de petróleo, tras los enfrentamientos entre los amantes del presidente de Libia, Muamar el Gadafi, y los que desean echarle del país que lleva gobernando como un autoritario, falsario y dictador. Después de 40 años al frente de un país con petróleo a espuertas podría dar de comer, beber y vivir a los libios en vez de para lo que está sirviendo, llenar los bolsillos de los Gadafi y familia hasta alcanzar el paroxismo de la ordinariez despótica.
Hasta que los ciudadanos de Túnez y Egipto no decidieron decir basta a tanto gobernante corrupto, nada respetuoso con la libertad, la igualdad y el derecho a la vida, los amigos americanos y europeos no se habían dado cuenta que el reyezuelo con amazonas vírgenes en su cuerpo de escoltas con el que habían compartido jaima, elogios y demás idioteces es en realidad lo que parece, un loco que envía la aviación a disolver manifestaciones.
La que se ha montado en Libia ha provocado la explosión del precio del petróleo y todas las demás consecuencias, por lo que parece bastante probable que si el dictador no se rinde, intenten acabar con él y parar la represión contra su pueblo. Ya hablan de zonas de exclusión aérea, una forma educada de hablar de guerra, y si las cosas se ponen feas, habrá muertos, muchos, desastres humanitarios y muchas víctimas de las armas que venden unos y otros a uno y otro bando.
Si las refriegas duran más de lo normal, la industria armamentística, verdadero motor de muchas realidades nefastas, sacarán una buena tajada y quizá la economía sienta el golpe inversor y lance alguna que otra sonrisa. Para proteger los pozos de petróleo, habrá que derramar mucha sangre, mas todavía de la que está cayendo en aquellos países cuyos ciudadanos echaron a los dictadores a golpe, no de disparo, si no con gritos serenos, no violentos y descaradamente insultantes hacia los que han ayuda al mantenimiento de sus asesinos gobernantes. Esa sangre servirá a la economía, que la sentirá como una verdadera transfusión de líquido humano para mover su sistema. Un modelo en el que todos sabemos lo que cuestan las cosas pero casi nada de lo que realmente valen. Todo se pondrá en marcha. Si se ha destruido mucho, además de hogares enteros, habrá que reconstruir.
Entonces, los mismos que vendieron armas enviarán su Ayuda al Desarrollo y hablarán del 0,7%, de la solidaridad con los países pobres, de la necesidad de la articulación democrática y de la gobernanza. El círculo se completa y... Volvamos a empezar.
Todo está muy caro y el bolsillo sólo se llena de desesperanzas. Entonces nos damos cuenta que para que bajen las hipotecas, el precio de la gasolina y el desempleo, y suban los salarios y el empleo, hay que sacar el bisturí para impedir que los que provocan el encarecimiento del precio del barril de petróleo no desestabilicen más nuestras economías. Eso cuesta sangre. Ya lo sabemos.
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