Opinión

Enero negro

Ángel del Río | Lunes 31 de enero de 2011
El pasado mes de diciembre la delegada del Gobierno, Amparo Valcarce, decía alto, claro y rotundo, que Madrid es una de las ciudades más seguras de Europa; es más, que se encuentra en los primeros puestos del ranking de seguridad, y la inseguridad que se pueda percibir en la calle y en las páginas de los sucesos, es cosa más de un estado de desánimo que real. Cuando se habla de Madrid como ciudad, hay que entender que también se habla del espacio territorial más próximo, es decir, el resto de la Comunidad, y sobre todo de las localidades periféricas a la gran urbe.

Si la delegada del Gobierno se hubiera retrasado unas fechas en hacer este diagnóstico tan rotundo, no habría podido hacerlo de forma tan contundente, porque es como si el destino se hubiera rebelado contra ella y nos reservara un mes de enero de muertes violentas como uno no recuerda en la historia de esta villa y corte. Durante este mes de enero el número de muertes violentas en nuestra Comunidad se eleva ya a 10, es decir, una cada tres días, que es una estadística demasiado preocupante como para que las palabras de la delegada del Gobierno, afirmando que Madrid es una de las ciudades más seguras de Europa, relajen nuestra inquietud. Muertes violentas por ajuste de cuentas, violencia de género, palizas sin móvil aparente, peleas, etc.

Ninguna de estas muertes violentas puede ser imputable a una negligencia policial en cuanto a garantizar la seguridad de las personas. Sí hay que decir que gracias a la eficacia y buena labor de la policía, a su profesionalidad, se han podido esclarecer algunas de estas muertes y detener a los presuntos autores, mientras que en el resto la investigación va por buen camino y puede dar frutos en breve.

Este mes de enero ha batido todos los récords conocidos de muertes violentas en Madrid; diez en sólo treinta días, demasiadas muertes como para considerar que nuestra ciudad, nuestra Comunidad, está en la Champion Ligue de la seguridad europea. Por eso cuando se lanzan datos triunfalistas, aunque sean rigurosos, hay que rebajar el optimismo y pensar que las cifras pueden dar un giro de 360 grados en apenas un mes y que la ciudad alegre y confiada puede volverse triste y desconfiada sin, que por ello tengamos que caer en el desánimo ni en la depresión urbana, pero siendo conscientes de que esto de la seguridad puede empeorar de la noche a la mañana.

 

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