Ángel del Río | Lunes 24 de enero de 2011
En este país pasan cosas curiosas, esperpénticas, impensables y en ocasiones, inéditas. Tiene que haber de todo en la viña del señor, en este caso la viña del señor Zapatero. Nuestra Cámara Alta no rebaja sus pretensiones de gasto y el Senado se parece más a la ONU que a otra cosa, no lo digo por la ineficacia, sino por la proliferación de traducciones simultáneas para que los representantes de todo el mundo se entiendan, con la diferencia de que aquí, en el Senado, todos saben, entienden y hablan el castellano, pese a lo cual sus señorías tiran del presupuesto público para darse sesiones de bilingüismo por traducción simultánea en las distintas lenguas que se hablan en esta Babel llamada España, y se dotan de pinganillos, lo que confiere a la Cámara una imagen parecida a la de una convención de guardaespaldas. Luego sus altas señorías se quitan el pinganillo, se van al bar para charlar entre ellos el idioma común, el castellano, que es el en el que todos se entienden. Esto puede ser esperpéntico.
Lo impensable es que un partido que gobierna o desgobierna cambie de opinión o de estrategia de un día para otro, que en un arrebato de ecologismo incontrolable chape la energía nuclear, de carpetazo a una forma energética por ahora insustituible, y poco tiempo después, se muestre dispuesto a dar marcha atrás por un intercambio de cromos con los agentes sociales –en el argot clásico, llamados sindicatos- a la hora de negociar la edad de jubilación y la reforma de las pensiones. Si ustedes me dan dos años más de edad laboral, hasta los 67, yo les doy un par de centrales que iba a cerrar y así pueden vender ustedes a sus trabajadores, que no se van a paro. Luego de haber lanzado el globo-sonda, llegan los desmentidos. No conozco ningún país ni gobierno del mundo donde ocurran estas cosas que nos devuelven al viejo eslogan promocional de: “España es diferente”.
Por lo que respecta a lo curioso, resulta que las dos primeras estrellas españolas del cine internacional, Penélope Cruz y Javier Bardem, pareja, padres que lo van a ser dentro de pocas semanas, han decidido que su hijo no nazca en España. Cada uno es libre de decidir el lugar de nacimiento de otro, aunque sea su hijo, pero no se me alcanzan razones para explicar por qué renuncian a que su criatura nazca en la tierra común de ellos…aunque…sí, ahora que caigo, puede que haya una razón. ¡Ya está!: la culpa es de Zapatero por haber quitado la paga de 2.500 euros a cada bebé nacido en España. Va a ser eso.
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