Sara Medialdea | Lunes 17 de enero de 2011
Por mucho que se empeñe Tomás Gómez, que parece francamente empeñado en ello, va a resultarle muy difícil mantener a Trinidad Rollán como número dos del Partido Socialista de Madrid. Primero, porque ha sido condenada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. La sentencia no es firme, es cierto, pero no por eso deja de ser un fallo judicial. Segundo, porque el delito es por prevaricación, que es tomar una decisión injusta a sabiendas de que lo es: después de robar dinero público o cometer fraude electoral, es de las peores cosas que se le pueden achacar a un político. Tercero, porque la pena a que ha sido castigada es precisamente de inhabilitación para ejercer cargo público. Y aunque un cargo interno en un partido no es público, el suyo tiene mucho que ver con la composición de las listas electorales. Y cuarto, porque estamos a apenas cuatro meses de la campaña electoral. Este motivo, aunque figure en último lugar, es posible que haya tenido más peso que cualquiera de los otros tres en algunos despachos de la calle Ferraz.
Puede que Rollán sea inocente, y que así lo diga el Tribunal Supremo. Puede. Pero de momento, sus colegas del TSJM la han considerado de aprobar un convenio urbanístico ilegal a sabiendas de que lo estaba haciendo. Lo han hecho con toda rotundidad y con calificativos muy duros en la sentencia. Y por todo ello Tomás Gómez no puede hacer otra cosa que apartarla de su lado. Aunque le duela, porque no tiene en su entorno muchos fieles, y menos después de las primarias.
Ahora la incógnita está en saber si Gómez será capaz de aguantar el tirón. Que va a ser fuerte: Zarrías ya decía a las 12 horas de conocerse la sentencia que Rollán no iría en las listas; y Lissavetzky advertía ayer que la "decisión definitiva" sobre el futuro de Rollán como número dos la deberán tomar las direcciones federal y regional del PSOE conjuntamente. No es la primera vez que Tomás se enfrenta al aparato federal de su partido; que se lo digan a Zapatero. Y además, en aquella ocasión, frente a Trinidad Jiménez, la jugada le salió bien: no sólo ganó las primarias, sino que también creció en conocimiento público y en valoración. Pero ese capital lo ha ido dilapidando mes a mes desde entonces. La resolución del "asunto Rollán" puede ser la guinda de su errática trayectoria, o convertirse en el salvavidas que le hace falta para encarar los comicios de mayo.
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