Opinión

Apaleando a mujeres

Ángel del Río | Lunes 27 de diciembre de 2010
Los antipieles se dieron el domingo un paseíto por la calle de Preciados, cuando la mañana estaba metida en hielos y temperaturas bajo cero; cuando quizá las señoras, y también los caballeros, iban arropados por gruesa lana o calientes pieles. El grupo de activistas representó en plena calle de la moda una especie de espectáculo cavernícola, un simulacro de apaleamiento a mujeres del propio grupo que llevaba puestas pieles animales. Los activistas ociosos, comenzaron un simulacro en el que uno de ellos, un fornido varón, con cara de pocos amigos y gestos de violencia teatral, aporreaba salvajemente con un palo a cinco mujeres que llevaba abrigos de pieles. El activista parecía estar gozando de esta representación, ensañándose en cada estacazo hasta arrancar de un zarpazo los abrigos a las mujeres y quedar estar sólo vestidas con dos piezas sobre la helada calzada de la calle de Preciados.

Representaciones de esta naturaleza no son de recibo en una sociedad tan sensibilizada con la violencia en general y con la violencia de género en particular. El simulacro de un salvaje apaleando a cinco mujeres vestidas con pieles de animales, no es lo más apropiado de escenificar en un mundo donde tantas mujeres mueren víctimas de la violencia machista. Y esto era violencia machista en grado extremo, simulada, claro, pero violencia al fin y al cabo. Podían haber sido hombres en vez de mujeres, pues los varones también solemos lucir prendas fabricadas con piel de animales, pero no, las destinatarias de los golpazos eran mujeres.

Estos activistas antipiel no quieren que se ejerza la crueldad contra los animales, dejándoles sin piel después de muertos, pero ellos la representan contra seres humanos; estos ociosos hacen demagogia de saldillo en pretendida defensa del reino animal al que según ellos, el género humano masacra para abrigarse con su piel, cuando en la mayoría de los casos, esos animales proceden de granjas donde se les cría específicamente para este menester, o de una caza controlada. Desde sus orígenes, el ser humano se ha protegido del frío con las pieles de los animales, que entonces eran cazados expresamente para este fin, lástima que entonces no existieran algunos cavernícolas que ahora andan sueltos aporreando en un simulacro a otros prójimos en un ejemplo cívico de respeto a los animales y al ser humano.

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