Javier Flores | Martes 21 de diciembre de 2010
Hoy toca reflexionar sobre el clima financiero y lo que la economía nos depara en el 2011.
Desde un punto de vista puramente cuantitativo podríamos ser políticamente correctos y quedarnos con que del otro lado del Atlántico, parece que la economía norteamericana ha conseguido un nivel de crecimiento razonable, aunque la recuperación no ha tenido de momento impacto sobre las elevadas tasas de desempleo, que se encuentran en el mismo nivel que en junio de 2009 cuando se anunciaba el fin oficial del período de recesión. Conviene no olvidar que, a diferencia del BCE, la FED además de la estabilidad de precios, tiene como objetivo la consecución del pleno empleo. En cualquier caso, aunque estas elevadas tasas de desempleo están además pesando sobre la confianza del consumidor y el crédito sigue sin recuperarse, hay que reconocer que los peores augurios tampoco se han cumplido.
Las secuelas de la crisis económica no han terminado, especialmente en España, situada en el epicentro de la crisis de la deuda europea, que aún tiene recorrido. La preocupación acerca de la viabilidad de nuestra economía y el cuestionamiento de nuestra credibilidad está en el origen del problema. Pocas veces se dice que el ahorro logrado con la congelación de las pensiones o los ingresos por la subida del iva se están gastando en pagar unos intereses cada vez más caros, con subidas de tipos en las subastas de deuda pública. Si a eso le sumamos que nuestros políticos no van a dejar que nada les fastidie unas elecciones, agarrémonos a cualquier cosa que tengamos a mano porque todavía vienen más curvas. Primero fueron los bancos "demasiado grandes como para dejarles caer", y ahora son los países. España va fatal, pero aguantará con fuerte apoyo de China y con la inevitable emisión de eurobonos, por mucho que a Merkel no le agrade la idea. Y el precio que nos harán pagar será alto, ya no se decide en Madrid si millones de españoles trabajadores pueden seguir en sus empleos o pagar sus hipotecas en el 2011.
Si vamos un poco más allá, lo que está claro es que 2010 ha sido el año a partir del cual la economía mundial se ha fracturado, y lo hará más en el futuro. Una fractura que ya no es la tradicional entre países desarrollados y países en vías de desarrollo, sino entre los fuertes y los débiles. Las cifras récord de déficit, el coste de las medidas de estímulo sin precedentes y el crecimiento económico desigual ya están obligando a muchos gobiernos a adoptar medidas políticas que se califican eufemísticamente de “difíciles”, pero que en la realidad serán soportadas por los débiles. Lo cierto es que a estas alturas nadie se puede negar a la evidencia de que se necesitan reformas, y que hay que meter la tijera en las autonomías de manera muy severa. No estamos ya para parches ni más chapuzas, pero ¿significa eso o terminar con la soga del FMI al cuello diciéndonos qué hacer al tiempo que nos condena a una pobreza mayor durante muchos años?
Javier Flores es el promotor de Responsabilidad Social Ciudadana - RSCi
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