Opinión

Free Wikileaks

Javier Flores | Miércoles 15 de diciembre de 2010
No deberían sorprendernos los ataques que reciben Wikileaks y su fundador Julián Assange, convertido de la noche a la mañana en un héroe de la libertad de información. Después de todo ha mostrado en paños menores las prácticas y las mentiras de los poderosos, que siempre vuelven a las viejas y malas costumbres.

Probablemente el fenómeno Wikileaks y las reacciones espontáneas de miles de personas en todo el mundo determinen un punto de no retorno en defensa de la transparencia y el derribo de los muros tras los que se deciden cuestiones que nos afectan a todos en un completo oscurantismo. ¿Secretos de estado? No para ocultar mentiras. Hace unos días decidimos, desde la plataforma Responsabilidad Social Ciudadana (RSCi) , impulsar una iniciativa de apoyo a Assange y la libertad de información a través de internet, mediante un manifiesto y convocatoria de concentración a la cual se sumaron más de 15 ciudades en España y en diferentes países. Solamente 48 horas después, más de 50.000 personas habían visitado la web y 3.000 salieron a la calle en el acto de protesta, con amplio eco y repercusión mediática.

La lluvia de documentos filtrados por Assange confirma las sospechas y mitos sobre las artimañas que se cocinan en los despachos y pasillos de los poderosos. El único crimen en toda esta historia es el que revelan las filtraciones, y a sus responsables hay que pedir explicaciones, políticas y jurídicas, no a los informadores. Como proclamábamos en las concentraciones, la información no es un crimen, es un derecho. No hay que ser demasiado imaginativo para, a la vista de lo publicado, tener muy claro que en el mejor de los casos se ha actuado de espaldas al interés común. A partir de aquí, cualquier hipótesis puede ser válida, mentiras, corrupción, extorsión, chantaje, o incluso terrorismo de estado. Los ciudadanos lo tenemos muy claro y ayer nos pusimos de acuerdo para protestar, porque una sociedad democrática nunca puede castigar el acceso a la verdad.

Hemos sabido que funcionarios del Banco de España han facilitado directamente a Estados Unidos informes sobre actividades de empresas españolas; también que la justicia española no tiene una pizca de independencia cuando se trata de escrutar asuntos de índole política, como el freno a la investigación sobre Guantánamo; hemos conocido los términos del proceso de limpieza de residuos nucleares en Palomares. Y un largo etcétera de datos, realmente muy desviados de las versiones oficiales.

Anoche finalizábamos las concentraciones con la satisfacción de haber podido comprobar que todavía quedan personas, y son muchas, que no se muestran indiferentes ante los atropellos. Más allá de los cotilleos y anécdotas sobre juergas salvajes y antipatías personales entre líderes políticos que hemos conocido a través de Wikileaks, estamos en un momento que resulta único, porque por primera vez en mucho tiempo prima la transparencia.

Con internet y las redes sociales se acabó ocultar el conocimiento y la información para asegurarse el poder. Cada vez más personas compartimos la información, no la ocultamos, y eso no es nada conveniente para los chiringuitos de poder, los reinos de taifas y las estructuras obsoletas. Indiscutiblemente hay cuestiones que resolver y delimitar, conflictos que abordar, relacionados con el derecho a la privacidad y el derecho a la información pública y las fronteras de la información legítima. Pero lo que de ninguna manera cabe es el derecho a la mentira por parte de las instituciones y representantes públicos. Y eso es lo que Wikileaks ha puesto al descubierto.

No nos rindamos, porque al final la sociedad será lo que nosotros queramos que sea.

Javier Flores es el promotor de Responsabilidad Social Ciudadana - RSCi


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