Cristina Cifuentes | Martes 14 de diciembre de 2010
A veces, la política permite que ciertos personajes de pocos méritos y escasa educación puedan ocupar puestos muy por encima de su propio nivel de incompetencia. Es el caso del Ilustrísimo Señor Don Gaspar Zarrías, secretario de Estado de Cooperación Territorial. El dirigente socialista, cuyo currículum se encuentra plagado de comportamientos políticamente inadmisibles, se caracteriza por vulnerar frecuentemente los usos y costumbres democráticas, mintiendo e injuriando de manera sistemática a sus adversarios políticos. En alguna ocasión el señor Zarrías ha llegado a comportarse de manera intolerable, como cuando en 1991, haciendo gala de una portentosa agilidad de manos, llegó a votar en tres o cuatro escaños vacíos para no perder una votación en el Senado.
En los últimos días, al inicio de la crisis provocada por los controladores aéreos, Zarrías ha vuelto a hacer gala de su lamentable talante, cuando se atrevió a insinuar que el Partido Popular estaba detrás de lo ocurrido por “haberse reunido con los controladores”. Y con indudable mala fe, puesto que Zarrías sabía perfectamente que tal encuentro público se había producido en el Senado, con la participación de todos los grupos parlamentarios excepto el PSOE.
En los 20 meses que lleva como secretario de estado del Gobierno de Zapatero, Gaspar Zarrías se ha dedicado a todo excepto a atender las responsabilidades derivadas de su cargo. Asistió al acto celebrado en la Universidad Complutense donde, para apoyar al juez Garzón, se vertieron críticas de gran calado contra el Tribunal Supremo; no ha perdido oportunidad de faltar al respeto a presidentes de comunidades autónomas, alcaldes y diputados, con declaraciones extemporáneas; ha arremetido incluso contra ex presidentes del Gobierno y ha llegado a pedir la dimisión de Mariano Rajoy como presidente del PP. El lenguaraz Zarrías ha llegado incluso a calificar a Alberto Ruiz-Gallardón de “desvergonzado”, a Javier Arenas como “enfermo psiquiátrico” o a comparar la bancada del PP en el Parlamento de Andalucía con Batasuna.
Zarrías, mano derecha del otrora todopoderoso presidente de la Junta de Andalucía y actual presidente del PSOE, Manuel Chaves, tiene un pasado inquietante como “fontanero” de la política andaluza durante los últimos veinte años, en los que ha actuado con un poder casi ilimitado. Lo cierto es que, tras la gestión de Zarrías, Andalucía, con una tasa de paro cercana al 30 por ciento, el tejido productivo prácticamente destruido y sin más capacidad de supervivencia que las subvenciones públicas, continúa en el furgón de cola de España y Europa a pesar de haber sido una de las regiones más beneficiadas por los fondos europeos.
Si a cada cual le retratan sus propias palabras, Zarrías se califica por las suyas y sus actos; los actos de un político mediocre que se vale del insulto como única manera de destacar, que suple su incompetencia con permanentes salidas de tono. La presencia de alguien como Zarrías ofende a quienes, con independencia de nuestra ideología, nos dedicamos a “la cosa pública” con verdadera vocación de servicio público.
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