Opinión

Ahora le toca a la sanidad

Pedro Fernández Vicente | Jueves 09 de diciembre de 2010
Cuantas cosas están pasando en los últimos años en esta Europa nuestra. Desde que la crisis nos busca con su afilada punta de lanza y nos arrincona en ese espacio con menos derechos cada vez, no hay quien conozca a esta unión de Estados a la que acuden de todos los puntos del planeta en busca de la nación perfecta, de la comodidad, de los derechos de los ciudadanos, en definitiva del Estado del Bienestar, que tanto hemos propagado por esas tierras menos afortunadas.

Es verdad que seguimos siendo un paraíso para los inmigrantes que anhelan venir a la Unión Europea en busca de una vida mejor, pero eso está cambiando en sentido negativo. No hay dinero. Dicen los que gobiernan nuestros impuestos que hay que ajustarse el cinturón. Y lo hacemos. El pueblo, esos que cada mañana oyen el despertador entre sueños, se levantan como pueden y se van a trabajar, tienen el cinturón con tal opresión que les quedan pocos agujeros a los que acudir para complacer a los gobernantes. Y eso deben saberlo quienes pregonan desde la oposición el reparto de trigo para todos y cuando suben a los altares del poder se olvidan de lo predicado. Y me he referido a los trabajadores, pero es que hay muchos millones, demasiados, que no necesitan madrugar.  No escuchan el despertador del trabajo, pero si el dolor de la carencia, de la necesidad que es más doloroso y depresivo.

Estamos en una Europa, en una España, en la que se quita 400 euros a unos parados que lo tienen como único ingreso. Es normal. Se trata de una decisión fácil, cómoda y sin respuesta alguna de la calle. Mucho mejor que eliminar esos puestos concedidos a dedo para los sumisos asesores y otros parecidos que no llevan la contraria al líder, por ejemplo. Es mejor y más fácil reducir el sueldo de los funcionarios: una pequeña queja y nada más. Ahora, en la paga de Navidad lo van a notar: será una puñalada a traición.

Bueno pues a estas pequeñas cosas viene a sumarse otra no menor. Se trata de la sanidad que lleva un tiempo dando vueltas alrededor de esos derechos que vamos perdiendo poco a poco, con la intención de entrar y dejarnos una cuña de dolor. O lo que es lo mismo, el COPAGO.  No pienso participar como bálsamo para ir introduciendo este concepto entre los que estáis leyendo este texto. Todo lo contrario. Que sepáis que estamos ante un derecho y un bien único, como es nuestra salud y no debemos, ni podemos permitir que nos empiecen a cobrar.

El problema del copago no es ese euro que nos pongan como impuesto cada vez que vayamos al médico en un primer momento, no. Ese no es el gran peligro. Lo realmente dañino de cara al futuro es el salto cualitativo que vamos a dar, de no pagar a tenerlo que hacer. Ese paso les cuesta trabajo darlo.

Ningún gobierno está dispuesto a pagar la factura que supone enfrentarse a los titulares de prensa anunciando que a partir de ahora la sanidad dejará de ser gratuita. Romper una costumbre, pero una vez rota, subir la cuantía por cada consulta es sólo cuestión de tiempo que, en una crisis como esta, se acortará enormemente y veremos incrementar el porcentaje de pago cada poco tiempo. Con la disculpa de la crisis cada vez será más caro ir al médico de cabecera y mucho más asistir a la consulta del especialista.

Eso sí, cuando la crisis sea solo un recuerdo, los incrementos de precios se ajustarán al índice del coste de la vida, pero jamás, nunca recuperaremos el derecho a una medicina gratuita. Volverán a ganar cuantiosas sumas los bancos, los empresarios de todos los sectores, nadie se acordará de los privilegios de los diputados europeos, que ahora proponen este sistema para nuestra sanidad, mejorarán las pensiones de sus señorías, esos que están dispuestos a votar “apesadumbrados” a favor del copago, pero los funcionarios se quedarán con la bajada del sueldo y pagando lo que les digan los gobiernos de turno cada vez que vayan al médico.

Qué le vamos a hacer…….

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