Javier Flores | Miércoles 01 de diciembre de 2010
Entre los coleccionistas de billetes es bastante conocido el papel moneda canadiense de 1952, correspondiente a una emisión cuyo diseño, basado en una imagen de la reina Isabel II, encargó el Banco de Canadá al ilustrador George Gundersen. Un trabajo considerado de gran calidad, hasta que un día alguien quiso ver en el dibujo del pelo de la reina en el grabado de los billetes la cara del diablo.
La cosa podía haber quedado en anécdota, pero George Gundersen tuvo que dar explicaciones y negar las acusaciones incluso de conspiración que algunos vinculaban al IRA irlandés, los nacionalistas del canadá francófono o un infiltrado en el banco central canadiense. Evidentemente no había ningún fundamento para las sospechas y acusaciones, pero tuvo que vivir el resto de su vida con ello y no volvió a ilustrar ninguna emisión de billetes.
Ya ven, cosas del azar, del comportamiento gregario y el mucho tiempo libre que tenían los canadienses. Hoy sabemos que hay un fenómeno psicológico llamado pareidolia, consistente en un estímulo vago y aleatorio, generalmente una imagen, que es percibido erróneamente como una forma reconocible.
Estos días son también muchos los que insisten en ver la cara del diablo en Carmen de Mairena y, más extensivamente, buscar cosas raras y matices extraños en el resultado de las elecciones autonómicas catalanas. Italianización, travestismo, extrema derecha, infiltrados antisistema… Pareidolia política a mansalva, vamos. Por si alguien sigue insistiendo en la búsqueda de una explicación sobrenatural al resultado, no la hay. Es lo que tiene la democracia.
En los tiempos que corren la gente quiere ideas claras y huye de ectoplasmas políticos que no termina muy bien de comprender. Los partidos políticos tienen muchas propuestas, pero la mayor parte de los votantes se centran en dos o tres mensajes clave que pueden comprender perfectamente. Es así como se puede explicar que un mensaje tan simple como el de Laporta (hasta ahora solamente conocemos de su programa que quiere la independencia unilateral de Cataluña y votará negativamente a todo lo que se le ponga a tiro) haya encontrado tan buena aceptación entre los votantes catalanes (escaldados de una ERC a la que perciben como floja por su entrada en el tripartito y conformarse con un referendum…). Otros tantos han votado “cabreo” y se han dado el gusto de premiar la burla al sistema que representaba la presencia de Carmen de Mairena en estas elecciones. Después de todo, no es menos seria ni se traviste menos que el resto de políticos que van de serios y se arropan cada noche bajo la manta del sistema que tan bien les abriga ellos y tan mal a los ciudadanos.
No es un fenómeno aislado de los catalanes que se hayan vuelto locos. En Estados Unidos un “Tea Party”, sin homólogo en España, se ha liado a poner y quitar candidatos, y lo ha hecho porque ha ido al electorado con ideas claras, por muy fascistas y repelús que a muchos nos causen. Han sido claros y no se han andado con rodeos. Por el contrario, al que se muestra blando o en tierra de nadie para tratar de contentar a todos se le penaliza.
Ahora todos tratan de recuperar sus perfiles originarios en el imaginario de los ciudadanos, ya sea a derecha o a izquierda: Sakozy en Francia, Cameron en Reino Unido y Angela Merkel en Alemania subrayan sus posiciones conservadoras con buen resultado y se dejan de experimentos centristas. Lo mismo le sucede al PP: si quiere crecer notablemente en votos (no simplemente esperar la caída de los socialistas) y movilizar a su electorado, debería ser capaz de recuperar su discurso más duro, como ha hecho en esta ocasión en Cataluña con tan buen resultado. Y si Obama y Zapatero pretenden remontar deberían retomar un discurso fiel a lo que el electorado esperaba de ellos, claramente a la izquierda y dejarse también de coqueteos forzados. Sin políticas claramente de izquierda los socialistas no remontarán.
Y UPyD, que tiene un mensaje simple con dos o tres ideas muy claras, por una vez en lugar de limitarse a insistir en ellas ha preferido lanzar un mensaje de franquicias y referencias cruzadas a otros partidos. Pero así es el ser humano, complicado en lo menos complicado y capaz de ver cosas raras y matices extraños donde no hay nada. Así es la gente, así somos, por cierto, no vayan a sufrir de pareidolia y vean en este artículo lo que no hay.
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