Sara Medialdea | Jueves 25 de noviembre de 2010
Apenas ha llegado a los 4.500 millones de euros. El presupuesto del Ayuntamiento de Madrid para el año próximo se ha quedado muy, muy cerca del que se aprobó hace nada menos que seis años, en 2004. Decía el concejal de Hacienda, Juan Bravo, durante la presentación de las cuentas para 2011, que en ocasiones "retroceder es avanzar". Es una manera de ver la botella medio llena, o de hacer de la necesidad, virtud. Pero lo cierto es que el escenario para el año próximo pinta una economía de guerra en el que todo gasto que no sea inevitable se convierte en superfluo.
Donde no hay harina, todo es mohina, como dice el refrán. Del total de los presupuestos locales -que así, en un primer vistazo, pueden parecer un pastizal-, casi un 30 por ciento se van a pagar funcionarios. Y eso es impepinable: hay que abonarlo sí o sí. Pero es que además, otro 45 por ciento se va en pagar los gastos corrientes: la limpieza, la recogida de residuos, la luz, los semáforos, el Samur, los centros de día y de mayores, etc, etc. Nada de ello puede dejar de hacerse. Y entre esos dos conceptos, ya se ha gastado 75 de cada 100 euros. Con los otros 25 hay que pagar la deuda y sus intereses, las transferencias, y sacar algo para inversiones. Y así pasa, que no hay dinero para nada: las juntas de distrito son un ejemplo, con sus menguados presupuestos dedicados básicamente a mantenimiento. Y gracias.
Ni qué decir que la tijera ha llegado a todas partes, y no ha respetado nada. Que se lo digan al alcalde, que tiene presupuestado para gastos y atenciones protocolarias en 2011 la friolera de 16.400 euros. A 45 eruos por día, menudo dispendio.
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