Ángeles Álvarez | Miércoles 24 de noviembre de 2010
Este 25 de noviembre, en España instituciones y ONGs enfocan un aspecto largamente reclamado: hacer visibles a los menores como víctimas directas, pero ocultas, de la violencia de género.
Desde 1997 año en que las organizaciones comenzaron a contabilizar los asesinatos por género, han quedado registrados cientos de casos de menores asesinados y decenas de miles que han padecido las consecuencias de una violencia intolerable. La preocupación no es nueva, de hecho, la Ley Integral contra la Violencia de Género, entiende que “Las situaciones de violencia sobre la mujer afectan también a los menores que se encuentran dentro de su entorno familiar”
La Ley 1/2004, facultó al Juez para “limitar o suspender las visitas y comunicación cuando se dieren graves circunstancias que así lo aconsejen o se incumpliere grave y reiteradamente los deberes impuestos por la resolución judicial”. Pero la práctica jurídica es muy laxa en el cumplimiento de estos aspectos y abogados, fiscales y jueces habitualmente prefieren no acordar medidas de protección en el caso de los hijos/as con progenitores violentos.
Esta resistencia a aplicar medidas de seguridad para con los menores, sobre la falsa creencia de que un violento puede ser un buen referente paterno, será corregida próximamente a través de la modificación del código Civil anunciada el pasado viernes por el Vicepresidente Primero del Gobierno, Alfredo Perez Rubalcaba.
Conociendo las secuelas físicas, emocionales y de socialización que padecen los niños y niñas expuestos a violencia, parece evidente la necesidad de poner freno a resoluciones judiciales que entienden el derecho de visitas como un derecho de los progenitores y no como un derecho de los niños/as y que obviamente nunca debería convertirse en imposición frente a progenitores agresores.
No podemos permitir que arcaicas concepciones sobre los “derechos de paternidad biológica” primen sobre la seguridad física y mental de hijos e hijas.
Desde la política local no son pocas las actuaciones que deben apoyarse en este sentido. El Ayuntamiento de Madrid cuenta con varios puntos de encuentro familiar con casi 240 casos de menores remitidos por los Juzgados de Violencia. No sé si el alcalde conoce que las mujeres que muestran su preocupación por el establecimiento de las visitas de sus hijos con padres violentos están siendo “castigadas” judicialmente, o calificadas y “diagnosticadas” de alienadoras o manipuladoras, por equipos insuficientemente formados en materia de violencia.
Es preciso que si el ayuntamiento de Madrid sigue asumiendo esta competencia de la Comunidad de Madrid lo haga desde la profesionalidad absoluta y se eviten casos como que los informes, que adquieren de facto valor pericial, no lleven ningún número de colegiado y sean firmados por un abstracto “equipo técnico”.
Los cientos de huérfanos (40 solo en este año) que ha provocado esta violencia nos demuestran la importancia de prevenir, proteger y apoyar la recuperación de quienes más indefensos se encuentran. Prevención es combatir la desigualdad que chicos y chicas siguen interiorizando y que está en el origen social del fenómeno de la violencia de género.
Prevención es ser intolerantes frente al sexismo y por tanto rotundos frente a la denominada por algunos “deriva pseudo-delictiva” de quienes desde el espacio público se convierten a través de chanzas insultantes en los guías, mentores y fortificadores del machismo más rancio a través de comportamientos y expresiones de desprecio, agresión y violencia contra las mujeres. ¡Enfrentarse a esas posiciones!...eso es prevención.
Necesitamos coherencia. Los cargos públicos, no podemos declarar una cosa y acto seguido, objetar la estrategia para conseguirla. Prevención es compromiso sin excusas.
Decir que haremos todos los esfuerzos, significa haber entendido que prevención es pasar del discurso superficial a mantener asignaciones presupuestarias que permitan una financiación suficiente y estable a los programas de intervención y recuperación de las víctimas.
Ya no vale el asistencialismo, es preciso pasar a intervenir las causas, cambiar lo sustancial y generar conciencia y compromiso social a favor de la igualdad. Solo cabe apostar por cambiar los modelos, por democratizar las relaciones y dejar de hacer intervenciones meramente paliativas. Todo lo demás será verborrea fácil, ausencia de compromiso, discurso hueco y abandono a su suerte de miles de menores que sufrirán pero también seguirán alimentando un monstruo que destruye a mujeres y familias, desestructura comunidades y lleva al suicidio a las sociedades democráticas y avanzadas.
No cabe el silencio por que ciertamente estimula al verdugo y no cabe la inacción porque ciertamente “el Estado que no toma medidas para reprimir los actos de violencia contra la mujer es tan culpable como sus autores ".
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