Madrid

Del racionamiento al Plan de Estabilidad

Enrique Villalba | Miércoles 17 de noviembre de 2010
El director de Madridiario y Cronista de la Villa, Pedro Montoliú, ha presentado su nuevo libro 'Madrid bajo la dictadura. 1947-1959. Trece años que cambiaron una ciudad'. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, la escritora Almudena Grandes y el arquitecto José María Ezquiaga han participado, elogiando este relato histórico-periodístico.

El autor explicó que ha elegido esta etapa entre el aislamiento de la ONU a España y el Plan de Estabilización. "Concentra algunas de las decisiones cuyos efectos condicionaron la ciudad durante las siguientes décadas", comentó. Así se refirió a los poblados dirigidos, las chabolas, la Feria del Campo, el Parque Sindical, las restricciones de luz y agua, los cambios en el Gobierno de Franco, el cambio de generación cultural y los avances tecnológicos del exterior. Y concluyó: "La sociedad decidió aparcar el dolor por lo ocurrido y se lanzó a una auténtica renovación que abarcó todos los campos en pos de un tren de la normalidad que les llevaba mucha ventaja. Sin este anhelo compartido, sin esa lucha callada de los que estaban dentro y los que estaban fuera habría sido imposible la transición".

El regidor añadió que en esta etapa se evolucionó "de Carpanta a Bonanza" de forma precipitada, dejando de manifiesto la debilidad estructural de la capital. El flujo migratorio descontrolado (Madrid recibía 39.000 inmigrantes anuales y apenas construyó 10.000 viviendas en los dos primeros años que trata el libro) y la anexión de municipios afectaron al desarrollo, condicionando el crecimiento de la ciudad.

El alcalde destacó algunas anécdotas que Montoliú relata en su crónica, como "que no ha habido nunca reforma de la Puerta del Sol que no haya dado pie a alguna polémica", la feroz campaña suscitada en contra del nuevo sistema de recogida de basuras en 1955, o los ‘tira y afloja' entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Hacienda "a propósito de la exigua financiación del primero y las grandes necesidades de inversión en la ciudad".

Ruiz-Gallardón destacó un aspecto del libro que no quiso dejar pasar por alto: el político. "El Madrid que aquí aparece es una ciudad todavía con cicatrices, donde la represión, si bien más atenuada, no había concluido, y que en todo caso estaba sujeta a una injusticia fundamental, como era la de carecer, junto a todo el país, de un sistema representativo basado en las libertades".

"Aún así -explicó-, es una ciudad que se afana en compensar en lo posible esos déficit con su propio discurrir diario. De ese Madrid que, pese a todo vivió y siguió adelante para preparar la llegada de días mejores, y del que desde muy diversas procedencias e ideas políticas se implicó más activamente contra el régimen salido de la Guerra Civil, somos hoy herederos todos los que no podemos concebir esta ciudad como otra cosa que un espacio de libertades. A uno y otro Madrid debemos gratitud y reconocimiento. Y creo que así los ha glosado Pedro Montoliú a quien doy por ello la enhorabuena y las gracias".

Almudena Grandes, en un relato sobre la memoria de sus mayores, explicó cómo el libro resuelve aquellos recuerdos perdidos que toda una generación no sabe actualmente explicar con claridad. Elogió la mecla de la densidad de datos con el relato ágil de los hechos con el resultado de un "libro singular y apetitoso, tan contundente y tan ligero a la vez". La escritora indicó que hasta ahora sus continuas preguntas sobre el Madrid de la guerra y la posguerra para docuumentar sus novelas chocaban con una falta de memoria de sus mayores. "Ahora sé que esto nunca me volverá a pasar. Pedro Montoliú ha acudido en mi rescate con capa de Supermán y varita de hada madrina, gracias a una obra monumental. "Madrid bajo la Dictadura" es el cuarto tomo de una esxhaustiva, peculiar e irresistible historia de la ciudad".

Por último, Ezquiaga incidió en que el período estudiado trata años cruciales para fraguar el Madrid actual. En ellos se afronta el problema de la vivienda y el de las infraestructuras y servicios para una población que se había duplicado y para un territorio que se había multiplicado por diez. Según indicó fueron los años en que se pusieron las bases de todo el urbanismo madrileño y surgieron además de problemas como el de la vivienda, otros que marcarían el futuro de la ciudad como el creciente aumento del tráfico en la ciudad que provocaría la construcción de infraestructuras como la M-30, que evitaron durante décadas la recuperación del río. Ezquiaga destacó igualmente la coexistencia del dato histórico exacto y de la narración de la vida cotidiana.

En el acto de presentación estuvieron presentes, entre otros, Octavio Granado, secretario de Estado de Seguridad Social; Paloma Sobrini, decana del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid; Juan Miguel Hernández de León, arquitecto y presidente del Círculo de Bellas Artes; el director general de IFEMA, Fermín Lucas; el arquitecto y dibujante José María Pérez Peridis; los también Cronistas de la Villa, Enrique de Aguinaga, Luis Prados de la Plaza y Antonio Castro;  diputados de la Asamblea como Cristina Cifuentes, Gregorio Gordo e Inés Sabanés; concejales del PP como Manuel Cobo, Ana Botella, Pilar Martínez, Alicia Moreno, Patricia Lázaro, Juan Manuel Berzal, Manuel Troitiño, Álvaro Ballarín, Luis Asúa o Luis Miguel Boto, así como del PSOE como David Lucas, Oscar Iglesias, Pedro Zerolo, Isabel Vilallonga, Ana de Sande, Daniel Viondi o Ángeles Álvarez y de IU como Ángel Pérez y Ángel Lara, así como numerosos periodistas y varios miembros del Instituto de Estudios Madrileños.

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