Opinión

El carisma de un ex presidente

Pedro Fernández Vicente | Jueves 11 de noviembre de 2010
 

Siempre he considerado a Felipe González  un hombre con criterio, inteligente, buen comunicador, digno de ocupar el cargo que ocupó durante tantos años. El ex presidente del Gobierno siempre ha dicho aquello que quería decir, en el momento en el que lo quería decir y a quien se lo quería decir. Nunca ha estado a merced de las preguntas de un periodista. Sus palabras han sido siempre medidas en el contenido, en el momento y en la forma. Por eso, desde hace varios días, concretamente desde que leí en El País del domingo su entrevista con Juan José Millás, no dejo de preguntarme a qué viene ahora esa reflexión que nos ha sacado a todos de nuestra rutina. Cómo es que Felipe González se acuerda en 2010 de una orden que dio, o que no dio, y que podía haber cambiado muchas cosas en la historia de España. Lo desconozco, pero seguro que tiene una razón y de mucho peso, porque esa duda que tuvo en su momento, según dice, no beneficia en nada a su imagen, al recordarla a estas alturas del nuevo siglo. De hecho, ya se han levantado voces que le sitúan en una X que ha permanecido como incógnita cerca de veinte años.

Lo que está claro es que con esta declaración, Felipe ha vuelto a manejar a su antojo a la opinión pública. Son muchos años sin ser el protagonista y apetece volver a tomar las riendas, aunque sea por unos días. Unas palabras dichas en un momento concreto y toda la atención se ha desviado hacia el mismo sitio. Una declaración que ha provocado que las tertulias, capaces de generar opinión, tengan otros argumentos de debate alejados de la economía, que tantos votos hace perder al presidente del Gobierno y, quien sabe, si candidato en las próximas elecciones.

Desde que Zapatero nos dijo que iba a cambiar el rumbo de las encuestas, ya hemos visto algunas cosas que están contribuyendo a ello con cierta eficacia. El cambio de gobierno, esas palabras confusas sobre la participación de Batasuna en las próximas elecciones municipales, la intervención del vicepresidente Rubalcaba en todas las cuestiones de Estado, sin la aparición del presidente, que cuida su imagen en estas fechas previas a lo que se viene encima para las autonómicas y municipales, y finalmente las palabras dichas por Felipe González que, puede que no estén relacionadas con esto, pero entonces habrá que buscar con qué lo están, porque el señor González "no da puntada sin hilo", que se dice popularmente.

La guerra sucia, el Gal y aquellos momentos, ya pasaron. Tiempo habrá de hacer historia, porque eso no es urgente. Ahora hay otras inquietudes, otras incertidumbres de las que tenemos que ocuparnos y de las que hay que preocuparse, y mucho, porque está en juego el porvenir de los españoles: la economía, el paro de los jóvenes, la destrucción de empresas pequeñas, la desaparición de los autónomos, el futuro de las pensiones. Ese es el debate social, ese es el motivo estrella para las tertulias periodísticas. La oposición tiene que olvidarse de las moscas que pasan y que distraen la atención. Una alternativa de gobierno tiene que alentar, liderar  y sumarse a los ciudadanos en su auténtica meta y concentrarse en el verdadero objetivo. Si los apellidos son de tal o cual manera, si se puede fumar o no en determinados lugares, no son los argumentos de crítica principales. En 2011 nos importan los sueldos de los funcionarios, las pensiones, los contratos temporales y las nóminas que tienen que aceptar nuestros jóvenes si quieren un puesto de trabajo. De lo demás habrá tiempo para rectificar.

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