Deportes

Vikingos y colchoneros

Pedro Fernández Vicente | Domingo 07 de noviembre de 2010
Este domingo por la noche vamos a vivir otro derbi entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Un año más se verán las caras los dos equipos más importantes de la Comunidad y de España, en otros tiempos.

Y esa es la historia a la quiero referirme hoy. Este año, por alguna razón, se ha recuperado aquellas sensaciones que hacía tiempo que no compartíamos los unos y los otros, tardes de fútbol, de pasión y de debate en los bares y los círculos futbolísticos. Aquellos años en los que los espíritus colchoneros y  vikingos se disputaban en los días y las horas previas al partido una victoria incierta que cada uno atribuía a sus colores como algo sagrado. Este año vuelven a estar las espadas en alto y el derbi recupera aquel sabor competitivo. Deporte y enemistad deportiva que vuelve a surgir  y que marcará un antes y un después.

Los rojiblancos y sus seguidores están convencidos que esta es la ocasión de recuperar aquellos valores, que este año le van a amargar el fin de semana a los merengues y los suyos. Como siempre ha sido. Por el contrario, los vikingos se sienten muy importantes con su racha de victorias y de goles, con este equipo que Mouriño ha confeccionado para su parroquia. No perciben, ni remotamente, la posibilidad de la derrota, que ven lejana. Y así están las cosas.

El Atlético viene de ganar su partido europeo a un Rosenborg combativo y correoso y los madridistas de vencer moralmente en San Siro a un Milán al que dominaron abiertamente, donde solo el marcador traiciona lo que todo el mundo vio en el terreno de juego. Si no hubiese sido por un árbitro caprichoso se hubieran venido a la capital de España con el éxito final.

El Derbi está servido y todo queda pendiente para este domingo por la noche. Hasta entonces destaca la ilusión, aunque los del Manzanares lleven 11 años sin ganar a los del Paseo de la Castellana. Eso ahora no importa, las estadísticas, dicen, están para romperlas y la esperanza sobrevuela todas las expectativas, análisis y predicciones, al menos antes del partido.

Después, cuando se haya jugado,  será otra cuestión y las quejas serán otras. El árbitro será culpable, con toda seguridad, para los perdedores de algún pasaje del encuentro. Los ganadores no tendrán la misma visión.
Lo importante es recuperar aquellas tardes del Madrid-Atlético que se habían perdido y que, por alguna razón, este año se recupera.

Viva el futbol. Viva la pasión y la ilusión que están por encima de todo.