Opinión

El Gatopardo

Cristina Cifuentes | Viernes 22 de octubre de 2010
En la extraordinaria novela “El Gatopardo”, Lampedusa narra la historia  de la familia de Don Fabrizio Corbera, señor feudal de una inmovilista Sicilia invadida por los soldados de Garibaldi, que luchan por la unificación de Italia. El príncipe de Salina mantiene que “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Algo parecido es lo que se esconde detrás de la última remodelación del decadente Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. Un cambio aparentemente profundo que sólo encubre una operación de marketing político. Puro artificio, encaminado a potenciar el aparato de comunicación de la Moncloa, puesto al servicio del PSOE. Es sabido que para Zapatero la comunicación se ha convertido en una obsesión, como él mismo dejó entrever en la rueda de prensa posterior al anuncio de remodelación, al destacar “lo bien que se explica Rubalcaba”.

Lo cierto es que el nuevo Gobierno socialista supone la constatación de un proyecto agotado. El nombramiento de Valeriano Gómez, público detractor de la reforma laboral  como Ministro de Trabajo y  la ausencia de cambios en el equipo económico de Elena Salgado, indican que Zapatero ha renunciado a dar el giro que España necesita en materia económica. Sólo podremos salir de la crisis con una drástica reducción del gasto público, una verdadera reforma del mercado laboral que facilite la creación de empleo y una reducción de impuestos que estimule la inversión y potencie el consumo. A pesar de los cambios, el Gobierno socialista continúa anclado en las mismas políticas intervencionistas que nos mantienen sumidos en la crisis, mientras el resto de los países de nuestro entorno comienzan a ver la luz al final del túnel.

Ahora resulta que la supuesta renovación del “nuevo zapaterismo” radica en tres vicepresidencias ocupadas por Rubalcaba, Chaves y Salgado, viejas glorias del Gobierno de Felipe Gonzalez ¿Y para este viaje se necesitaban tantas alforjas?.

Lo dicho, que todo cambie para que todo siga igual: la misma crisis, el mismo paro y falta de esperanza para los españoles, en un conato de Gobierno que ya nace muerto.

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