Sara Medialdea | Jueves 21 de octubre de 2010
Inaudito. Que en pleno siglo XXI pasen cosas así, y en un recinto universitario, me pasma. Rosa Díez fue a dar una conferencia a la facultad de Politícas de la Complutense, y por segunda vez se encontró con un grupo de "estudiantes" protestando a voz en grito, insultándola e impidiéndola ejercer su derecho a hablar. La actitud de los jóvenes no la comparto para nada: se puede disentir pero siempre desde el respeto, y si a la edad que supongo que tendrán no han asumido que la tolerancia es un valor a fomentar, mucho me temo que ya es demasiado tarde para ellos.
Tampoco comulgo con el decano de la facultad, que negoció con ellos una salida para que dejaran a la política dar la conferencia, y ésta fue permitirles leer un comunicado público ante la propia Rosa Díez y el resto de la concurrencia. Leído el cual, se marcharon sin escuchar a quien sí se había visto forzada a oírles a ellos.
No me gusta UPyD, no participo de las ideas que promueve Rosa Díez, y tendría muchas reticencias personales que manifestar ante distintos aspectos de su trayectoria política. Pero ¿quién soy yo, ni nadie, para montarme un grupo de presión y, a puro grito, imponer mi criterio sobre el suyo? ¿quién para impedir que otro exprese sus opiniones o plantee sus alternativas? En democracia, las ideas se comparten o no, pero se respetan. A quien no le guste UPyD, que no la vote, pero sin intransigencias.
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