Nino Olmeda | Martes 19 de octubre de 2010
Increíble que un ateo resucite, pero sucedió. El escritor y periodista José Saramago, premio Nobel de Literatura, portugués, rebelde, ateo, comunista muy demócrata, con muchos amigos, persona que cantaba la gallina a quien consideraba que se lo merecía y sobre todo un enamorado del amor y de la verdad, apareció en Rivas-Vaciamadrid, después de fallecer en junio de 2010, hace pocos meses.
Se notó su presencia, se olían sus pensamientos y se sentía que era uno más entre los cientos de asistentes a un acto de homenaje a su figura y ser generoso llamado “celebrando a Saramago”. Durante muchos minutos, desfilaron por el auditorio Pilar Bardem amigos del resucitado para leer textos suyos en los que se destila combate al poder, amor al amor, solidaridad con los necesitados, lucha contra las iglesias, respeto y consideración hacia el sexo femenino, aliento para seguir resistiendo y necesidad de decir no una y las miles de veces que sean necesarias para gritar a los mandamases de esto, lo otro y lo de más allá.
Aitana Sánchez Gijón, Baltasar Garzón, David Cantero, Emilio Aragón, José Antonio Martín Pallín, Nativel Preciado, Olga Rodríguez, Pilar Manjón, Marcos Ana y Vicente Romero, entre otros, leyeron textos del libro "Saramago en sus palabras", en el que aparecen declaraciones suyas relacionados con la política, la ética, la solidaridad y muchas de sus ideas y compromisos.
La mujer del resucitado, Pilar del Río, presente en el acto y presentadora, junto a Paco Lobatón, del mismo, actuó con la naturalidad que da sentir que el compañero perdido se presenta de pronto ante todos, haciendo creer que se fue en junio para regresar meses después. Hizo lo que haría él en estas fechas cercanas a la concesión a un disidente chino encarcelado por los jefes de esa dictadura, no sé si roja o de color sangría, del premio Nobel de la Paz. Liu Xiaobo recibió su apoyo y el de todos los que fueron a Rivas a recordar que no todo está perdido y que la docilidad de nuestra clase política con los poderosos no puede durar mucho más.
Miguel Ríos cerró el acto de homenaje cantando a los excluidos y lanzando besos al aire que fueron recogidos por los que fuimos al reencuentro con el amigo que sabía escuchar y hacer que nos sintiésemos su colega sin necesidad de conocerle.
Muchas sensaciones viendo bailar a María Pagés y escuchar a Luis Pastor o Pedro Guerra. Al final, todos a casa, cada uno a la suya, con la satisfacción de estar presentes en el momento en que Saramago resucitó momentáneamente para aparecer en Rivas, que ha puesto su nombre a calles, plazas, colegios y bibliotecas. El sueño de esa noche, mágico, combinando las alegrías del portugués bueno que escribía para ser mejor con las alucinaciones que sufría santa Teresa de Jesús en sus momentos de éxtasis, el despertar, risueño y la puesta en contacto con la realidad, un choque de trenes.
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