Opinión

El sorpasso de Madrid a Barcelona

Luis Asúa | Martes 05 de octubre de 2010
A principios de este año 2010 se conoció la noticia que Madrid había superado a Cataluña en producto interior bruto.  Madrid produce más que Cataluña. Aunque hay aún algún debate sobre el dato, lo que al menos está muy claro es la tendencia. Por tanto, hoy o muy próximamente, Madrid tendrá una economía más pujante que Cataluña. Este adelanto se produce pese a que Madrid tiene más de un millón menos de habitantes, una geografía de cara al exterior mucho más complicada que la catalana, y también pese, y lo reitero, pese a que Madrid tiene un lastre importante económico por su capitalidad.

Cataluña históricamente ha sido mucho más rica que Madrid. Sólo en el año 95 la diferencia era de 12 puntos porcentuales.  Pero en estos quince años se ha ido reduciendo esta diferencia de forma alarmante.

La situación geográfica de Cataluña es mucho más ventajosa o menos periférica que la madrileña en lo que se refiere al acceso a los mercados exteriores, a los mercados más ricos del Centro de Europa.  Tanto por su situación fronteriza con la Europa más rica, Francia y también por su acceso al mar Cataluña tiene una situación de ventaja con respecto de Madrid.  Hay que recordar que aún hoy, el coste del transporte marítimo es mucho más barato que el transporte por carretera o por avión para las exportaciones.

Hablemos del lastre de la capitalidad.  Sostengo y es una intuición  que la capitalidad en Madrid ha condicionado negativamente su desarrollo económico.  Portugal, Italia, incluso Turquía tienen una característica común que hoy ya no existe en España.  Estos países son fundamentalmente mediterráneos y también tienen una gran ciudad con mayor desarrollo económico que su capital política.  El binomio Milán-Roma, se repite en Portugal con Oporto/Lisboa y también en Turquía con Estambul/Ankara.   En España, hasta hace poco se cumplía este binomio con Barcelona/Madrid, hoy ya no.  Somos, de nuevo, como en muchas, demasiadas, otras cosas, diferentes.

 Otra de las características de los gobiernos catalanes es su hiperregulación.  No hay nada más elocuente que el nuevo y extensísimo Estatut que regula en su art. 134 hasta el tiempo libre.    Creo que una de las causas de la hiperrregulación es la falta de debate en las instituciones catalanas.  Y no por falta de talante democrático, sino que porque como diría de nuevo el castizo "están a otra cosa".

Se alegará que esta pérdida de productividad de Cataluña se puede explicar por la desindustrialización.  Es lo obvio, pero también hay que reclamar con más vigor si cabe la responsabilidad de los sucesivos gobiernos catalanes que no han sido capaces de responder a este reto con políticas adecuadas como sí lo han hecho otros países y territorios (País Vasco, o el Reino Unido por ejemplo).

Habría que estudiar las razones por las que se ha producido esta pérdida de competencia de Cataluña pese a sus evidentes ventajas demográficas y geográficas.  La primera tentación será la habitual por aquellos lares, echarle la culpa a eso tan difuso que se suele llamar “Madrid”.  Difuso porque es una fuente de agravios, de desencuentros y desentendimientos.  En fin un buen saco para apaciguar conciencias, y sobre todo acallar debates.

Cuando el debate lo protagoniza de forma total (por no decir totalitaria) la cuestión identitaria pues se arrinconan otras cuestiones. Mientras en Madrid se habla (y se ganan o se pierden elecciones) discutiendo a fondo sobre infraestructuras, educación, sanidad, vivienda, políticas sindicales (¡bravo presidenta!), etc.  En  Cataluña se discute solo (es decir de forma total/totalitaria) de identidad y de su corolario, la reivindicación. A nadie se le ocurriría ir a unas elecciones en Madrid preguntándose quiénes somos y qué tipo de relación queremos con nuestros vecinos, o con España.   Cuando a lo que se está es a la reivindicación, desde el propio gobierno regional, y no a resolver problemas cotidianos y a preparar el futuro, pues es lógico que la cosa se marchite.

Las encuestas señalan como unos de los principales problemas de nuestra sociedad el desprestigio de la clase política.  Esto se traduce en el desapego entre las prioridades de unos, los políticos, y las preocupaciones de otros, los ciudadanos votantes.   En Cataluña, a la vista de las encuestas sobre el sentimiento nacionalista (prácticamente inamovibles desde los años 80) y el poquísimo entusiasmo que ha producido el nuevo Estatut o las consultas independentistas en pueblos y ciudades, este desapego es quizás más acusado.

Finalmente una reflexión sobre otro asunto inmediato: estamos ya en precampaña de las próximas elecciones catalanas convocadas para el próximo  28 de noviembre.  Y de nuevo vuelve a la carga, con más virulencia si cabe, el debate identitario.  Ahora incluso se va a hablar de autodeterminación (por cierto, la inclusión de esta cuestión en la agenda política es un éxito de los nacionalistas: la secesión es y será siempre el objetivo último de todo partido nacionalista, y sólo el planteamiento, la discusión de su posibilidad/previsibilidad es un avance crucial).  Recordemos nuestra mejor literatura y aquel bachiller que en lugar de apagar el fuego lo azuza y también a Maragall, cuando hace algunos años afirmaba en un artículo que Madríd se iba, gracias al nacionalismo, Madrid se ha ido. Hoy  más que nunca Cataluña necesita hablar, debatir y decidir sus políticas por lo cotidiano, por sus necesidades y preocupaciones reales.

Luis Asúa.
Concejal presidente del distrito de Retiro.
Presidente PP de Chamberí.

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