Javier López | Lunes 04 de octubre de 2010
Como en el resto de España, la Huelga General ha sido un éxito de convocatoria. Todo el mundo reconoce que Madrid paró su industria, su sector de la construcción. Que no funcionaron los transportes, salvo los servicios mínimos abusivos decretados por Esperanza Aguirre, pese a lo cual los usuarios hicieron que fueran utilizados bajo mínimos, 800.000 viajeros menos. Que la sanidad paró, respetando los servicios mínimos, al igual que la enseñanza. Que el correo paró. Que los servicios de limpieza pararon. Ayuntamientos, prensa, pararon. Que abrieron unos comercios y otros no, aunque desde Mercamadrid llegó poca mercancía. Hasta los comercios chinos pararon masivamente, adhiriéndose públicamente a la Huelga General.
Los madrileños vimos una ciudad al ralentí. Una ciudad al nivel de domingo o día festivo. El consumo de energía eléctrica permite constatarlo. Consumimos la energía de un domingo. En torno a un 20 por ciento menos.
Los servicios máximos de transporte fijados por Esperanza Aguirre forzaron a que más de 500 policías antidisturbios fueran desplazados a Madrid. Pese a ello, los incidentes fueron menores que en otras Huelgas Generales. Los agredidos son casi exclusivamente miembros de los piquetes, con atropellos, disparos al aire de la policía en EADS-CASA, golpes de algunos miembros de seguridad privada a componentes de piquetes y cargas de la policía en algunos lugares.
Los sindicatos respetamos escrupulosamente los servicios mínimos en servicios realmente esenciales para la seguridad, la vida o la salud de las personas, como hospitales, bomberos, policía municipal, residencias de mayores, pese a que los servicios mínimos en muchos de ellos superaban la plantilla habitual de esos centros. La vida, salud y seguridad de las personas es siempre lo más importante.
La Huelga General fue un éxito y supone un rechazo rotundo a las medidas del Gobierno. Los cientos de miles de personas que acudieron a la manifestación de Madrid echaron la rúbrica a una jornada en el que los trabajadores y las trabajadoras ejercimos el derecho de huelga, mal que le pese a Esperanza Aguirre o a Gerardo Díaz Ferrán y el mayordomo de ambos, Arturo Fernández.
Salvo quienes consideran que una Huelga General tiene que ser un día de altercados, choques y actos vandálicos que paralicen totalmente un país, en lugar de un día para expresar el malestar, el descontento general ante las medidas de un gobierno, de forma libre y democrática. Desde la sensatez hay que reconocer que la protesta y el rechazo a las medidas del Gobierno ha sido expresado de forma muy masiva.
La Huelga General ha sido un éxito y el Gobierno debe recoger la protesta y reconducir sus políticas, tomando en cuenta la voz de la sociedad. Sin olvidar que junto a CCOO y UGT han estado más de 1.685 organizaciones sociales que han respaldado la Huelga General. La política no puede vivir al margen, ni actuar en contra de las necesidades de la sociedad.
Esa es la esencia de la democracia. El diálogo permanente de los políticos con la sociedad. El Gobierno tiene la palabra.
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