Opinión

Huelga decirlo

Ignacio Murgui | Miércoles 29 de septiembre de 2010
En ninguna de las anteriores huelgas generales se difundió el mensaje de que la movilización sería un éxito. En la víspera de una huelga general, los medios de comunicación, casi en su totalidad, transmiten un mensaje unívoco: será un fracaso. Al día siguiente, sea cual sea el resultado y, salvando los matices, la conclusión no varía: ha sido un fracaso.

Que tras todas estas movilizaciones generales los gobiernos de turno hayan tenido que recular, rectificando, al menos en buena medida, aquellas decisiones que habían provocado las adopción, por parte de las organizaciones sindicales, de una respuesta de tales dimensiones debería ilustrarnos de hasta qué punto las huelgas generales han tenido éxito.

Pero no importa. El éxito de la huelga general encarna la posibilidad de que la sociedad aún puede defenderse. Significa que, cuando los gobiernos democráticamente elegidos deciden doblar la rodilla ante los poderes económicos nacionales o internacionales traicionando el mandato popular, la sociedad civil tiene aún la posibilidad de alzar la cabeza, plantarles cara y hacerles desistir.

Y esa es una posibilidad a la que temen profundamente. Por eso tratan de convencernos diciendo, primero, que no tenemos razón; después que seremos pocos y, finalmente que, por muchos que seamos, nuestro esfuerzo será inútil. Por eso al día siguiente dirán que fracasamos. Aunque seamos millones.
Por eso se empeñan en desprestigiar a las organizaciones sociales que tienen posibilidad de articular la respuesta. Nos quieren inermes, indefensos, aislados unos de otros: quieren pillarnos uno a uno para que les resulte más fácil apretarnos el cinturón.

Pero la huelga general va a ser (ha sido ya) un éxito. Y es así porque la ciudadanía, movilizada por cientos de miles, ha sido capaz de dar testimonio de su rechazo, de mirar a la cara a quienes, tras la coartada de la crisis, despiden y recortan derechos porque quieren mantener al mismo nivel de siempre sus beneficios empresariales o a quienes gobiernan desde la misma lógica doblegándose ante los banqueros y ante los organismos financieros internacionales y mostrándose implacables ante trabajadores, pensionistas y parados.

Una huelga general masiva demuestra con rotundidad que, a pesar de la aplastante presión mediática, de la feroz violencia de los piquetes empresariales y de la amenaza del paro (“si haces huelga no te molestes en volver”), hay miles de personas dispuestas a plantar cara a la reforma laboral, al recorte de las pensiones, al deterioro y a la privatización de los servicios públicos, a la falta de equipamientos en los barrios o a la discriminación por razones de género o de origen y a demostrar que no tienen las manos libres para hacer lo que quieran de nosotros.

La huelga general es un éxito desde el momento en que ha quedado claro que aún hay quienes están dispuestos a no tragar con todo. Y no somos cientos, ni miles, ni cientos de miles, sino millones quienes el 29 vencimos al miedo y a la resignación.

Ignacio Murgui.
Presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid.

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