Ciencia y tecnología

La prehistoria de las telecomunicaciones

Carmen M. Gutiérrez | Viernes 24 de septiembre de 2010
Del punto y raya al uno y el cero. Las telecomunicaciones comenzaron con el código morse aplicado al telégrafo para después ir haciéndose cada vez más sofisticadas hasta la situación actual de predominio de Internet. Esta historia puede conocerse en el Museo Joaquín Serna, que ha abierto sus puertas este viernes con motivo de 'La Noche de los Investigadores'.

La visita al museo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid era tan solo una píldora de conocimiento de entre todas las que brinda esta noche dedicada a la ciencia. En él, la historia comienza con la implantación del telégrafo a mediados del siglo XIX, que transmitía señales eléctricas en código morse entre emisores y receptores como los que pueden verse en la visita guiada.

Al principio se podían transmitir 20 palabras por minuto y poco después los avances consiguieron llegar a 60, siempre a través de los puntos y rayas del código morse, representados por señales eléctricas diferentes. Después estos aparatos ya podían transcribir por sí mismos letras y números.

En el origen de este oficio, una vez el mensaje llegaba al destino, el telegrafista tenía que escribir el mensaje a mano para entregarlo a su receptor final, para lo cual se exigía a los aspirantes a telegrafistas que tuviesen buena caligrafía, como explica el ex profesor de Telecomunicaciones y amante de la historia de esta materia, Vicente Mirallas, quien hace de guía. Todo ello, si no llovía demasiado, pues los tendidos eléctricos dejaban de funcionar a menudo en esta circunstancia.

Envío de noticias

Más tarde vinieron los télex, que eran como máquinas de escribir conectadas a otro terminal que recibían la información. Uno de los usos más representativos de estos aparatos era el envío de noticias, recogidas en teletipos, nombre que aún siguen recibiendo las noticias de agencia de comunicación. Algunos tipos permitían incluso la conversión entre los dos terminales. Este medio sería sustituido por el fax, el correo electrónico o los 'chat'. Los últimos telégrafos desaparecieron hace tan solo unas pocas décadas.

En el museo Joaquín Serna también se puede conocer la evolución del teléfono, de la que hay numerosas muestras desde sus inicios, poco después de la llegada del telégrafo. Destaca uno de los modelos más antiguos en los que en el micrófono se indica en francés que se hable alto o algún modelo militar de tamaño gigante. La exposición de teléfonos se detiene en las primeras generaciones de móviles, algunos de los cuales eran tan grandes que no se podían llevar en un bolsillo.

La centralita de Trillo

Los teléfonos utilizaron hasta no hace mucho centralitas manuales, que representan una buena parte de la muestra. Miralles comenta que el servicio de operadoras estaba externalizado, como se dice ahora, por lo que no podían mantenerse compromisos de confidencialidad. Estas centralitas manuales se usaron en algunas localidades españolas hasta 1988, aunque algunas más modernas se siguieron utilizando para fines específicos como la del Ministerio de Defensa que se muestra en el museo, en la que todavía aparece el nombre del último ministro al que sirvió, Federico Trillo.

También se pueden ver muchos modelos de radio, como las de galena (que no necesitan ninguna fuente de energía) o las de válvulas. Las primeras solo podían escucharse con auriculares y hasta 1928 no tenían enchufe. Después se van haciendo cada vez más potentes y sofisticadas.

La historia que puede conocerse en este lugar se detiene en los telégrafos, teléfonos y radios de un pasado no muy lejano no solo porque parte del resto sea otra historia, sino también porque es puro presente.