Casimiro ya ha recuperado la libertad. Su primer vuelo después de pasar dos meses en el centro de recuperación de rapaces nocturnas Brinzal ha sido en un cerro con olivos y encinas de Perales de Tajuña.
Los animales salvajes también caen enfermos, sufren atropellos y otro tipo de accidentes. Hay centros de fauna, como el de Brinzal, donde les ayudan a recuperarse cuando es posible, pero siempre con sumo cuidado para que no pierdan el instinto de su especie y no comiencen a identificarse con las personas. Este es el proceso que ha vivido Casimiro, el mochuelo apadrinado por
Madridiario y bautizado por sus lectores.
La rapaz llegó al centro situado en la Casa de Campo hace poco más de dos meses. Un particular lo había encontrado, desorientado y débil. Así que llamó a
Brinzal, una asociación medioambiental sin ánimo de lucro especializada en rapaces nocturnas. No siempre que uno encuentra un polluelo, este necesita ayuda externa. Los pequeños, llamados volantones, salen del nido para sus primeras incursiones, pero después vuelven. Solo cuando se ve a un animal deshidratado, débil o enfermo, es necesario rescatarlo.
Aprender a cazar ratones
En Brinzal, el mochuelo ganó peso y se le curó una herida que tenía en el pico. Además,
como ha ido contando él mismo en su blog, aprendió cosas muy importantes para un polluelo de su especie, como cazar ratones para comérselos y reconocer sus a depredadores. También ejército sus alas para poder volar con fuerza cuando volviera de nuevo a la naturaleza.
Al igual que Casimiro, muchas otras rapaces nocturnas llegan a Brinzal, heridas por disparos, atropellos y cables de alta tensión, entre otras causas; o enfermas. Allí sus cinco empleados y alrededor de 25 voluntarios cuidan de ellas hasta que están preparadas para abandonar el centro, aunque algunos se tienen que quedar en cautividad de por vida, debido a sus lesiones o a problemas psicológicos, y sirven para criar a otros ejemplares.
Casimiro se recuperó bien, y dejó el centro con 20 centímetros y 155 gramos de peso. Para que un novato como él volviera a la naturaleza con el menor peligro posible, hubo que buscar un lugar que reuniera una serie de condiciones. Era importante que estuviera alejado de carreteras, pues como la especie se alimenta principalmente de ratones y en las cunetas abundan debido a la basura, es muy frecuente el atropello de estos animales.
La elección del día también fue importante, ya que se ha abierto la media veda; y los jueves, sábados y domingos hay cazadores en el campo. Hacer cualquier tipo de daño a estos animales está totalmente prohibido, pero a veces aparecen por Brinzal rapaces nocturnas heridas por disparos. Su primer día en libertad, después de dos meses en el hospital de animales, tenía que ser tranquilo. El lugar elegido fue un cerro con olivos asilvestrados, encinas y otros árboles y arbustos, situado en un cerro de Perales de Tajuña. A los mochuelos les gusta este tipo de hábitat, en el que se alternan los árboles y los claros.
Primer vuelo
Hasta el lugar llegó metido en un transportín cubierto con una toalla para que no se asustara. Una vez llegado el momento de la suelta, hay que sujetarlo con las dos manos, una para las patas y la otra para las alas, y hacerlo con mucho cuidado. Casimiro, pese a todo, mira asustado con sus intensos ojos amarillos y pone cara de pocos amigos. En el momento de abrir las manos y darle un pequeño impulso, él ya es libre y lo demuestra eligiendo su destino. No sale en línea recta, sino hacia la encina más grande del paraje.
Ahora tiene que hacer su vida como cualquier otro mochuelo en libertad y sortear los peligros que esta tiene, pues en los primeros meses, esta especie presenta una alta mortalidad. Puede que nunca se sepa qué fue de él, pero si alguien lo encontrara, durante los tres años que pueden vivir, la anilla numerada que lleva en en una de sus patas serviría para identificarlo.
Madridiario le desea mucha suerte.