Sara Medialdea | Martes 14 de septiembre de 2010
Se ha convertido en protagonista mediático por excelencia: cada paso que da es perseguido, investigado, jaleado y publicado nada más conocerse. "El Rafita" es tristemente célebre por sus (malas) acciones; de hecho, no se le conoce nada bueno, lo cual es posiblemente lo peor que se puede decir de la vida de una persona. Y apenas pasa de los 20 años. Lo último que se ha sabido de él es que le deshaucian del piso que ocupaba. Una vivienda social, facilitada en atención a sus especiales circunstancias económicas y personales. Un recurso público encaminado a ayudar a quienes lo necesitan. En este caso, su mala utilización obliga a retirarlo. Para tranquilidad de muchos, que ven con horror cómo sus impuestos terminan utilizándose para hacer más fácil la vida -la misma que para otros es tan dura- de gentes de mal vivir y cuyos problemas de marginación no son culpa más que de sus propias incapacidades.
Entre todos los medios, hemos convertido a "El Rafita" en protagonista; y es malo que alguien sea una estrella por obrar mal. Malo pero muy habitual: la parrilla de las televisiones así lo atestigua. Cierto que las instituciones que le han tratado, hasta el momento, no parecen haber conseguido sus objetivos de integración y rehabilitación social; el muchacho sigue empeñado en elegir el lado salvaje de la vida, como así lo demuestran sus andanzas, convenientemente aireadas. No sé si es un problema de falta de madurez o de falta de luces, pero este individuo ha rechazado una tras otras las oportunidades que la sociedad le ha dado para enmendar su futuro y permitirle una vida decente. Una vida infinitamente mejor que la que no tendrá, porque él y otros se la robaron, la joven Sandra Palo.
El deshaucio que va a sufrir ahora, que al parecer no es el primero, se produce también por el abuso: quejas vecinales, antecedentes policiales y falta de pago del alquiler. Las administraciones públicas ponen medios, con el dinero de todos, para el apoyo de quienes atraviesan en un momento puntual por una situación complicada. Es justo y necesario que exista esta solidaridad. Pero quien rechaza la ayuda, o se aprovecha de ella, no merece un continuo cheque en blanco a su disposición. Porque de ocurrir esto último, la injusticia se estaría cometiendo con el resto de los ciudadanos.
TEMAS RELACIONADOS: