Opinión

Muerto el perro...

Ángel del Río | Martes 07 de septiembre de 2010
Muerto el perro, se acabó la rabia. En ese refrán debe haber pensado Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, cuando parece dispuesta a liquidar de un plumazo el espinoso asunto del profesor Neira y su presidencia en el Observatorio Regional de la Violencia de Género. Tenemos al profesor condenado por conducir con una copa de más, lo que no es un buen ejemplo, sobre todo cuando se ostenta un cargo de representación como el que nos ocupa. Todos los partidos políticos, incluido el PP, le piden que dimita de su cargo, también varios miembros del gobierno regional que le nombró. Y Neira dice que, verdes las han segado, es decir, que nada de nada, que él no se va, que no dimite, que si Esperanza Aguirre quiere, que le eche. Es una especie de pulso, de reto. Aguirre agota una última posibilidad que evite una salida traumática a este delicado asunto.

Esta mañana, en Telemadrid, en el programa El Círculo, la presidenta ha dicho que Neira está reflexionando y como hombre de bien hará lo que tiene que hacer. Y si no hace lo que tiene que hacer, lo más probable es que Aguirre haga lo que ayer se filtró desde su entorno: suprimir el Observatorio Regional de la Violencia de Género, argumentando que estaba pensado antes de que Neira condujera bebido y por cuestiones de austeridad en el gasto.

Al margen de esta cuestión, Jesús Neira, a quien nadie puede negar su acto de heroísmo, tampoco se le puede dejar de criticar que condujera bebido, y sobre todo que haya incurrido en una serie de incoherencias para justificar lo injustificable, como que él no conducía bebido, cuando minutos después reconoció ante el juez el resultado del control de alcoholemia al que fue sometido y que triplicaba la tasa permitida. O que dio positivo por la reacción de los medicamentos que toma. Que no nos quiera tomar el pelo. Una cosa es que los fármacos puedan incrementar los efectos del alcohol y producir reacciones severas y otra que la prueba de la alcoholemia detecta la cantidad de alcohol que se ha ingerido, y esa prueba demostró que había ingerido tres veces más de lo permitido para poder conducir. En cualquier caso, también los héroes pueden cometer errores, y deben asumirlos y pagar por ellos, no sólo en la medida que el juez estime, sino lo que la responsabilidad civil al ostentar un cargo público exige desde el punto de vista del sentido común.

TEMAS RELACIONADOS: