Opinión

Cuidar al elector

Nino Olmeda | Viernes 03 de septiembre de 2010
Hace unos días, conversando con un amigo sobre las primarias del PSM,  escuché una frase trampa pero conmovedora. Cuidar al elector debe ser la función principal y casi obligación de todo líder político que aspira a cambiar las cosas, no sus cosas, y la vida de los ciudadanos, en el sentido de mejorarla para convertirla en un sucesión de realidades en las que la libertad, la justicia y los valores democráticos son un camino y no una consigna que sólo se refleja en un papel. Eso soltó mi colega, al que respondí que eso es lo que debería ser. Su sonrisa me dejó ver que había trampa, ya que su explicación me aclaró que eso es lo que hacen todos los que aplican la democracia interna en los partidos políticos. Pensé, erróneamente, que cuando hablaba del elector se refería a la primera acepción que ofrece el diccionario:  “que elige o tiene potestad o derecho de elegir”, es decir, los votantes en unos comicios de cualquier tipo, en este caso de las primarias del PSM, los más de 17.000 afiliados socialistas en la Comunidad de Madrid. Con este discurso, los cargos de un partido trabajarían para hacer realidad sus ideas y proyectos y para atender las demandas de sus electores. Mi amigo me aclaró, tras poner en evidencia mi ingenuidad, que se refiere a otro elector, al que elige quién es candidato y quién no, quién debe seguir o no en una lista electoral o en un cargo municipal, nacional o regional. A ese es al que hay que cuidar, mimar y nunca contradecir.

La segunda acepción del diccionario dice que elector es  “cada uno de los príncipes de Alemania a quienes correspondía la elección y nombramiento de emperador”. El Príncipe elector o príncipe electoral en el Sacro Imperio Romano Germánico era un miembro del colegio electoral que tenía la función de elegir a los emperadores de Alemania. Todos quieren ser elegidos por el dedo del elector Zapatero, Rajoy o cualquier otra persona con poder casi absoluto en un partido, se llame como se llame.
Confunden el todo con la parte y no entienden que el candidato del PSM, en este caso, es el que deciden los afiliados y no el citado por el elector, porque si no habría de llamarse candidato del aparato. Así de sencillas son las cosas que los más listos de cada partido tratan de envolver en trapos malolientes, en los que predominan los sabores a secreciones de actos perversos y los olores a sudor provocado por la sumisión al que manda y la traición a los principios y amigos leales hasta que éstos no sirven y su cambio es necesario para seguir mejorando la vida propia y de sus acólitos. Ojalá el virus de las primarias se extienda y contamine toda la vida política. Algún día, todos los cargos de los partidos serán elegidos por parte de los electores y militantes y lo que empezó por una desobediencia de Tomás Gómez se convertirá en el método de elección no sólo del PSOE, también del PP y de todas las formaciones políticas. Los partidos, por razón de la función pública que tienen, gozan legalmente de determinados privilegios, entre ellos, financiación del Estado, y han de tener, como lógica contrapartida, la exigencia de la democracia, por cierto, no aplicable a las asociaciones en general.

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