José del Hierro es el director del centro de menores Teresa de Calcuta, gestionado por GINSO y perteneciente de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) dependiente a su vez de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. En una entrevista concedida a Madridiario, asegura que el caso del 'Rafita' es una excepción, y que en la calle "no se habla de los miles de menores infractores que se reinsertan gracias al trabajo de todos los profesionales de los centros de menores".
El centro de menores Teresa de Calcuta, ubicado en Brea de Tajo, se inauguró en septiembre de 2006, ¿podría hacerme un balance de su funcionamiento en estos cuatro años? ¿Qué se ha conseguido y qué queda por conseguir?
La valoración es muy positiva porque estamos consiguiendo la reinserción de muchos chicos. En principio el Teresa de Calcuta inició su andadura como centro de internamiento en régimen cerrado, y ahora tenemos menores también en régimen semiabierto y terapéutico. Además tenemos a doce chicas, lo que tampoco estaba previsto, que participan en los mismos talleres y actividades que los chicos.
Los 8.200 metros cuadrados que tiene el centro, dotados de todo tipo de instalaciones -piscina, pistas de fútbol, lavandería, vivero, etc.-, parece que lo han convertido en una especie de mini-ciudad del menor infractor, ¿considera que es positivo que tantos chicos ‘conflictivos’ convivan juntos?
No es un centro en el que 150 chicos conflictivos convivan juntos, esto no es así. El centro cuenta con 22 grupos de convivencia en los que hay, como máximo, doce chicos. Yo creo que el planteamiento es muy correcto. El menor cuando ingresa entra en un grupo de adaptación y observación porque viene de la calle y hay que estudiarle. En esta fase hay una capacidad máxima de ocho menores. Una vez que la evolución del chico es positiva, va progresando dentro de su programa de ejecución de medidas y cambia a otra fase educativa en la que ya empieza a gozar de mayor autonomía. Eso conlleva que el centro sea de todo menos conflictivo.
Además cuentan con muchos talleres ocupacionales y formativos orientados a la búsqueda de empleo, ¿cree que el antídoto contra la reincidencia pasa por trabajar?
Totalmente. Sin empleo poco se puede hacer. Entendemos que la inserción social pasa por el trabajo, aunque tampoco hay que olvidar la formación. Nosotros trabajamos con una población variopinta. Un menor de 14 años evidentemente no puede trabajar y tiene que ir a un recurso formativo. Pero también contamos con chicos de 17 o 18 años que ya han se han graduado en educación secundaria o han hecho algún módulo. Si ya tiene formación, se busca que encuentre un empleo.
¿Cuáles son las principales carencias, tanto afectivas como formativas, que presentan estos chicos al llegar?
Carencias formativas, lo que es el 'desfase curricular', lo tiene la mayoría. Pero yo creo que lo más llamativo es que aproximadamente un 65 por ciento de la población interna son extranjeros. De ese 65 por ciento la mitad son de procedencia latina y la otra mitad de procedencia árabe, sobre todo marroquí. Eso provoca que muchos de ellos no conozcan nuestro idioma y tengamos que empezar por enseñárselo.
También son chicos que provienen de familias desestructuradas donde no hay ningún tipo de control parental y no tienen pautas educativas. Ahí también tenemos que trabajar.
Y ahora durante el verano, ¿qué actividades se han desarrollado de ocio y tiempo libre?
Se han desarrollado muchas actividades, pero en ningún momento hemos olvidado los talleres. La actividad formativa ocupa toda la mañana.
Durante el resto del año el centro funciona como un instituto. De hecho, los profesores son de instituto y vienen aquí a través de un convenio que se firmó con la Consejería de Educación. Se les da un curso para que conozcan las peculiaridades de nuestros chicos. Pero aquí las aulas siempre están en silencio porque hay unos cinco o diez chicos por clase.
Ahora en verano no hay escuela -aunque se da apoyo escolar porque hay chicos que tienen asignaturas pendientes- y se potencian las salidas, como por ejemplo de senderismo y bici. Esta zona –Brea de Tajo- es preciosa y tiene unas rutas muy bonitas, así que están saliendo prácticamente todos todas las tardes. A partir de las 18.30 horas y hasta las 21.00 horas. Luego también tenemos actividades específicas del verano como el taller de radio, la piscina, etcétera. Yo creo que el secreto del centro es la actividad.
¿Cómo ha influido el centro en esta zona rural?
Yo creo que bien. El centro fue bien acogido. En otras zonas la gente muestra recelo. A mí me sorprendió que cuando se inauguró vino mucha gente de los alrededores para verlo. Conflicto no ha tenido ninguno y además ha traído riqueza. Aquí trabajan unas 300 personas, de las cuales muchas son educadores, psicólogos o trabajadores sociales, pero también hay personal administrativo, celadores, cocineros, limpieza, seguridad propia, etcétera. Todos esos puestos están cubiertos por gente de la zona. De Estremera, de Brea de Tajo o de Villarejo de Salvanés. Por otro lado, muchos educadores, que por lo general son gente joven y mayoritariamente mujeres, en muchos casos han alquilado un piso por la zona. Con lo cual se genera riqueza.
Las estadísticas oficiales dicen que el 89 por ciento de los menores infractores se reinserta, pero hay casos en los que parece que es muy difícil –como recientemente el del ‘Rafita’- y son los que más llegan a la sociedad. ¿Cree que hay casos en los que la reinserción no es posible?
En algún caso, evidentemente, no es posible. Lo que pasa es que yo creo que la sociedad tiende a quedarse con esos casos. Se habla del 'Rafita', pero no de los miles de menores que han pasado por los centros de reforma y se han reinsertado, que han salido trabajando y con una formación y no han vuelto a cometer delitos. Pero lo que vende son los 'casos estrella'. Que 'Rafita' reincida no puede tirar por la labor todo el trabajo de los profesionales de todos los centros de la Agencia. Se hace un gran trabajo y eso se ve. Vemos cómo llegan los chicos y cómo salen. Luego hablas con la familia y te cuentan que el chico no tiene nada que ver. El caso del 'Rafita' entraría en ese mínimo porcentaje de chavales que no logran la reinserción.