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Días y noches de ramadán en Madrid

220.000 musulmanes en la región ayunan hasta el 9 de septiembre

Lucía de la Fuente | Viernes 27 de agosto de 2010
Los seguidores del Islam han alcanzado ya el ecuador del mes más especial de su calendario, que llena estos días las mezquitas madrileñas de fieles creyentes en Alá. Se calcula que el ayuno, tanto físico como espiritual, afecta a más de 220.000 musulmanes en toda la región. Así se vive el ramadán en Madrid.

“El ayuno enseña al hombre el principio del amor sincero y le proporciona un sentido creador de esperanza y una visión optimista de la vida, porque confía en agradar a Dios y busca su gracia”. Así define el escritor Hammudah Abdalati en su libro ‘Luces sobre el Islam’ el significado espiritual del ayuno islámico. Sin embargo, para muchos occidentales el ramadán es simplemente la época del año en la que los musulmanes deben abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde que amanece hasta que anochece. Y es verdad pero, para la mayoría de seguidores del Corán, “esa es la parte menos importante”. Lo que realmente importa, según explica el director de Asuntos Culturales del Centro Cultural Islámico (CCI) de Madrid —Mezquita de la M-30—, Saif Ben, “es el ayuno del corazón”.

Así, la abstinencia afecta a todas las partes del cuerpo: a la lengua, porque no se debe mentir “ni mantener conversaciones banales o chismosas”; a la mano, porque no se debe robar; al ojo, porque no se debe ver “nada malo”, etc. Tampoco deben tenerse malos pensamientos ni sentimientos como odios o envidias. Y debe aprovecharse el mes para “intensificar los servicios humanitarios”.

“Mucha gente solo se para en lo anecdótico –no comer-, pero eso es lo de menos, el poder de la mente es mucho más fuerte que el del estómago”, prosigue Saif. Mohammed Ellouzi, un marroquí residente en el barrio de Fuencarral desde hace diez años, confirma esta teoría: “El ayuno no es difícil porque el sentimiento de satisfacción que se consigue es lo que de verdad te limpia el espíritu”.

Bullicio en las mezquitas
La mezquita de la M-30 acoge en estas fechas una constante ida y venida de fieles, especialmente durante las cinco oraciones obligatorias del día y en el momento de la ruptura del ayuno —en torno a las 21.00 horas, aunque cada día se adelanta un par de minutos y depende de donde se esté. Puede consultarse el momento exacto en esta web—. “El resto del año hay más turistas que musulmanes”, confiesa el director de Asuntos Culturales del CCI.

La oración más exitosa es la nocturna. Unas mil personas se reúnen cada noche para rezar en compañía. Los hombres, descalzos, rezan en la parte de abajo junto al imán, en la sala más grande y bonita, decorada con preciosas alfombras, arcos islámicos, vidrieras de colores y objetos de cerámica tallados con inscripciones coránicas. La mezquita propiamente dicha. Las mujeres, también descalzas, no pierden detalle desde la planta de arriba a través de una celosía que permite ver sin ser vistas. La sala de oración femenina es mucho más pequeña. Y no hay arcos ni vidrieras. Hay alfombras, pero no son tan preciosas.

Dátiles y ‘harira’ para romper el ayuno

Cualquiera, sea o no sea musulmán, puede acercarse a presenciar estas veladas y vivir más de cerca la fiesta del ramadán. Uno de los momentos más esperados es la ruptura del ayuno. Cuando se pone el sol, cientos de musulmanes acuden a las mezquitas.

Lo primero es avisar a Alá: "¡Oh, Dios mío! Por ti yo he ayunado, en ti pongo toda mi confianza y con tu sustento yo rompo el ayuno". Después se bebe agua, té, leche, dátiles y harira (sopa marroquí que mezcla legumbres con carne y especias). Aunque tampoco es necesario ser tan estrictos con los alimentos. “Si existe la posibilidad, se recomienda beber agua, pero cada uno lo hace según lo que disponga o cuales sean sus tradiciones”, comenta Saif Ben quien añade que “en mi caso, y ahora en verano, a mi me gusta tomar sandía”.

También pueden vivirse las noches de ramadán en la Casa Árabe, donde a partir del 2 de septiembre están programadas actividades como la proyección de documentales, películas y cortometrajes, conciertos y hasta un torneo de fútbol con el objetivo de acercar al público madrileño a los aspectos culturales, lúdicos y sociales de esta festividad. En el CCI se expone además una muestra de libros islámicos donde los visitantes pueden encontrar, por ejemplo, el Corán traducido al mandarín, al ruso, al griego o al swahili.

Ramadán a 40 grados

Por segundo año consecutivo, el ramadán comienza en agosto —durante nueve años será en verano—. En Madrid, las altas temperaturas hacen que sea especialmente difícil cumplirlo a rajatabla. En Tetuán, uno de los barrios donde el ramadán se vive más intensamente, el imán de la mezquita del barrio Riay Tatary, conociendo el tiempo previsto, hizo un llamamiento a empleadores públicos y privados para que fueran generosos y aplicaran la flexibilidad horaria y el sentido común que permitiera a los musulmanes cumplir con el ayuno.

La situación seguirá así hasta el 9 de septiembre, día en el que finaliza el noveno mes lunar. Miles de musulmanes madrileños dejarán entonces de ayunar pero habiendo aprendido, según dice Saif, “a ser más solidario con los más necesitados y a darte cuenta de que el ser humano está muy por encima de las tentaciones y de todo lo material”.