Mara Colás Amor | Martes 24 de agosto de 2010
“No a una sociedad subvencionada y sí a una sociedad libre y trabajadora”.
Son palabras dichas por Antonio Beteta, que desde junio de 2009 es el consejero de Hacienda de la Comunidad de Madrid. Y no puedo estar más de acuerdo con él, o mejor con sus palabras; pero ahora hay que cumplirlo y, además, con todos.
Estamos en un tiempo anómalo, que no hace justicia en absoluto a la fama de trabajadores que teníamos los españoles antaño, por diversas razones todas ellas injustificadas e impresentables. Vemos casi a diario como en medios de comunicación, pase lo que pase, sea cual sea la causa, el motivo o el percance, siempre esperamos que otros nos lo paguen: patronatos, seguros, Cáritas, la Comunidad, el Gobierno... lo que sea.
Solo queremos que alguien cargue con nosotros, con nuestros gastos, que nos subvencionen. Todo se subvenciona: al cine, a los 'chefs' famosos, pisos, la cría del pollo bobo... ¡¡¡Todo!!! Y esto tiene que terminar. Porque todo esto cuesta dinero que alguien paga en lugar del subvencionado.
Debemos acostumbrarnos ya a que el dinero público, cada vez más escaso y caro, por nuestro/su endeudamiento, es para mejorías de y para todos, no solo para los vagos que esperan que otros se esfuercen y paguen para que ellos no tengan que hacerlo de igual manera que el resto.
Sé que no es popular decir lo que se piensa, siempre es así; pero cuando veo los dinerales que regalan a causas absurdas me irrita y me subleva; tanto como cuando veo los campamentos de gente que se niega a pagar alquiler, hipoteca, impuestos, luz o agua y se engancha gratis protestando en televisión porque se la cortan, siempre con un periodista lelo haciéndose cargo con cara de circunstancias, en lugar de decirles que todos pagamos por ello y que eso es igualdad, ser iguales; que no hay derecho a tanta discriminación.
Nunca nadie me ha subvencionado nada, nunca se me ocurrió que debiera haber otro camino que no fuera el trabajo directo, que el esfuerzo sea el que produce riqueza, el que hace libre al hombre...(¡uyssss, Aído, y a la mujerrrrrr!...), el que nos da dignidad y orgullo.
No hablo de mala suerte, hablo de abuso a conciencia. Para vivir hay que trabajar, y dejar de esperar que este pequeño territorio que formamos como país nos financie todo a todos, ya que además de imposible, como estamos viendo, es muy desconsiderado y poco solidario con el resto de los mortales pagadores.
“La oxidación por falta de uso gasta mucho más las herramientas que el propio trabajo” (Benjamin Franklin)
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