Opinión

Gómez da vueltas en La Noria

Ángel del Río | Lunes 23 de agosto de 2010
La vida, como la noria, puede dar muchas vueltas. En la vida, como en la noria, uno puede subir y bajar de forma rutinaria; puede quedarse colgado de un sueño o bajarse mareado. El pasado sábado Tomás Gómez se subió a la noria televisiva para hacer posible algo impensable hace pocos meses: que su popularidad le llevara a ser protagonista de este programa.

La decisión de Rodríguez Zapatero de impedir que Gómez llegue a ser candidato a la Comunidad de Madrid y que en su lugar lo sea Trinidad Jiménez, ya ha tenido una primera consecuencia: que el líder de los socialistas madrileños pasara del casi desconocimiento general, a ser reconocido en cualquier lugar de la geografía española, no por su trayectoria política, que en su larga etapa como alcalde de Parla ha sido muy buena, sino por ser el hijo de un dios menor dentro de la familia de Ferraz. Aquella afirmación bíblica de: “Por sus obras los conoceréis”, tiene una nueva versión: “Por sus discrepancias les conoceréis”.

Subido a la noria, Tomás Gómez se elevó a veces seguro y confiado; en otras, descendió con una disimulada preocupación; en algunos momentos, miró desde lo más alto de su pretensión hacia el suelo de la realidad y se le adivinó algún vértigo. Se le paró la noria con alguna pregunta de la periodista Isabel Durán y volvió a ponerse en marcha con el oportuno empujoncito del compañero Enric Sopeña.

Terminó el largo viaje de hora y media y se bajó de la noria sin perder la compostura y la sonrisa, casi sin despeinarse, amable y diplomático, habiendo medido sus palabras, habiendo hablado mucho y dicho poco, capeando las respuestas cómo podía, dejando a la interpretación algunos rejonazos desprendidos, intentando aparentar cordialidad con su rival y compañera y buen rollito dentro del partido, aunque ahí no pudo convencer a nadie, pese a su buena voluntad, aunque no creo que fuera su intención íntima.

 Tomás Gómez se bajó de la noria sin apariencia de estar mareado, pero dejando la sensación de que sus respuestas durante más de hora y media, fueron como la leche pasteurizada: sin microbios, pero también, sin vitaminas.

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