Antes de que el Ayuntamiento emprendiera la revitalización del Manzanares, ya existía un lugar en la ciudad de Madrid en el que disfrutar del río. Es la calle de la Ribera del Manzanares, que separa un barrio residencial privilegiado de lo más parecido a un malecón de agua dulce que ha tenido la capital hasta el momento.
La M-30 perdonó al tramo del Manzanares comprendido entre las calles de Ribera del Manzanares y Aniceto Marinas. Aquí, en los setenta, el río no quedó encajonado entre asfalto y coches, pues a esta altura el trazado se hizo entre la Casa de Campo y este tranquilo barrio, que
sigue sufriendo las molestias de la circunvalación madrileña, principalmente, en forma de ruido.
Pese a ser una agradable zona en la que se puede disfrutar del río, este tramo situado entre el puente del Rey y el de los Franceses es desconocido por la mayor parte de los madrileños. Sus vecinos sí son conscientes de lo afortunados que son. "Es el único barrio que ha integrado el río en su forma de vida. Junto a él paseamos, tomamos el fresco y nos encontramos con los vecinos", señala el presidente de la
Asociación de Vecinos Manzanares-Casa de Campo, Benjamín García. "Vivimos con el río y no de espaldas a él", resume Antonio Taibo, también de la asociación.
En efecto, el paseo construido junto al río, sobre todo en la calle de la Ribera del Manzanares, invita a recorrerlo bajo viejos o maduros chopos, acacias y arces, algunos de los cuales se han conservado pese a las reformas que se han ido ejecutando. Hace tan solo unos quince años las márgenes "eran de tierra natural", como explican los miembros de la asociación de vecinos durante un paseo por la zona con este digital.
En la actualidad, Ribera del Manzanares luce un paseo longitudinal con hileras de árboles, parterres con frondosos arbustos, adoquines y bancos. La calle también está abierta al tráfico, pero la densidad demográfica de la zona, más moderada que en la mayor parte de Madrid, y el hecho de no ser una zona de paso hacen que apenas circulen vehículos, contribuyendo a la sensación de barrio apacible. El paseo de la otra margen, que coincide con la calle de Aniceto Marinas, tiene menos vegetación y es de suelo terrizo. Ambos lados del río sufrieron hace unos pocos años obras para instalar las canalizaciones de gas en el barrio, lo que supuso la pérdida de centenares de árboles.
Un río más natural
Entre ambos espacios ajardinados, discurre el río canalizado y entre presas. Pero los muros que contienen al Manzanares tras el puente del Rey y prácticamente hasta el Nudo Sur son sustituidos en esta zona por unos taludes de piedra, más naturales. La estampa que conforma bajo el puente de los Franceses, construido a finales del siglo XIX, recuerda, según apunta un vecino, al río que era antes el Manzanares, donde se alternaban huertas, lavaderos y merenderos. Hay otro puente histórico en este tramo, el de la Reina Victoria, de estilo modernista y que acaba de cumplir cien años.
El río deja a su derecha la colonia del Manzanares, lugar que tras la Guerra Civil quedó arrasada, al encontrarse junto al frente de la Casa de Campo, y tuvo que ser reconstruida. El cuidado con el que se levantó de nuevo este barrio frente a otros de la misma época se debe, según explican desde la Asociación de Vecinos, a que las viviendas se construyeron para personas afines al régimen franquista. "Se convirtió en la primera planificación residencial que muestra un respeto medioambiental en Madrid", afirma la historiadora María Teresa Fernández Talaya.
La colonia del Manzanares reúne una ciudad jardín, con chalés y adosados; edificios de cinco plantas enfrenados con amplios parterres como separación; y seis edificios residenciales de casi veinte alturas repartidos por el barrio, con el que contrastan. Las viviendas del otro margen son de construcción más reciente, pero conserva edificios históricos, como la Estación del Norte o la Ermita de San Antonio de la Florida.
Planes para el futuro
Ahora, este tranquilo y refrescante enclave madrileño, en que el que el río hace bajar la temperatura en unos cuantos grados, está sufriendo algunas transformaciones con motivo del proyecto Madrid Río, nombre que recibe el ajardinamiento de los terrenos liberados tras el soterramiento de parte de la M-30. Entre las obras que se están ejecutando, se encuentran la conexión con la red de agua regenerada, una nueva pasarela peatonal en la zona más transitada del barrio y un carril bici que unirá la Casa de Campo, el puente de los Franceses y la Senda Real.
El gran cambio, sin embargo, tendrá que esperar en un barrio que no envidia a sus vecinos de río abajo. El Ayuntamiento no aprobó el plan especial para esta zona también comprendida en Madrid Río porque los vecinos se opusieron a un nuevo puente rodado, que atraería el tráfico a la zona. Todavía está por decidir cómo se remodelará su barrio, pero los vecinos, al menos los miembros de la asociación, tienen claro que las mejoras tienen que respetar la identidad de sus paseos y no quieren ni oír hablar de que pueda asimilarse al resto de este nuevo malecón de agua dulce.