Distritos

Devoción y 'movida' vecinal por San Cayetano

Carmen M. Gutiérrez | Domingo 08 de agosto de 2010
Locura incontenida por coger una flor de San Cayetano, una verbena vecinal de aniversario, y muchos abanicos y limonada para combatir el calor. Así se vivieron este sábado las fiestas en honor a San Cayetano en la plaza de Cascorro y en la calle de Embajadores.

Las fiestas de San Cayetano son una mezcla de costumbres de antiguos y nuevos vecinos. En esta ocasión, ha faltado la exhibición de lucha senegalesa, organizada por la asociación de inmigrantes de ese país en España, que se ha celebrado en los últimos dos años en la plaza de Cabestreros. Al haber menos trabajo por la crisis, tenían menos dinero para pagar a los participantes y finalmente decidieron suspenderla.

"Nos piden que nos integremos y, por eso, llevamos años participando en las fiestas del barrio, pero nunca nos han dado subvención y esta vez no podíamos pagar a los artistas", explica uno de sus miembros. El próximo año, volverán a intentar organizar este espectáculo que, además de ser un deporte de contacto, forma parte de la cultura y el folclore del país africano.

La cita con las viejas tradiciones sí se cumplió, como viene sucediendo desde hace unas tres décadas, después de que las asociaciones de vecinos junto al Ayuntamiento, en aquel momento con Enrique Tierno Galván de alcalde, decidieran recuperar las fiestas castizas de Madrid que habían desaparecido en la década de los sesenta, según señala el vicepresidente la Agrupación Los Castizos, José Luis Campos.

La flor del trabajo
A las ocho de la tarde, aproximadamente, salió San Cayetano en procesión desde la iglesia que lleva su nombre y que está situada en la calle de Embajadores. Entre vivas de los fieles, y los pasodobles, zarzuelas y otros géneros musicales interpretados por una banda de música, fue avanzando el trono con la talla del santo, ayudado por ruedas. Aun así, los anderos, entre los que había varias mujeres, tenían trabajo, pues las pronunciadas cuestas del barrio obligan a frenar cuando la pendiente es cuesta abajo, y a empujar y tirar cuando es cuesta arriba. Por suerte, los fieles les ofrecen limonada, lo que ayuda a llevar el esfuerzo y el calor, sobre todo en un día con temperaturas tan altas como las de este sábado.

Los anderos son vecinos del barrio que por tradición, según aseguran, sacan cada año a San Cayetano. "En esta iglesia me bautizaron, hice la Primera Comunión y algunos se han casado", comenta uno de ellos. Durante el recorrido hay dos figuras de San Cayetano que salen a 'saludar' a la talla principal. Una de ellas está hecha con trozos de metal y es obra de un castizo que trabaja en una forja. El hombre se encarama a una tapia con la ayuda de una escalera y baja al niño, que siempre acompaña a este santo, para dársela al cura, que lo bendice y lo besa.
 
El paso va protegido por policías municipales para evitar que los fieles cojan las flores del trono durante el recorrido. Casi al final de la procesión, al dar la curva de la plaza de Cascorro, los agentes desaparecen y los fieles se tiran sin contemplaciones y entre empujones a la carroza para coger las flores del santo. La tradición dice que esto asegura pan y trabajo durante todo el año. Esta vez, por la crisis había menos flores en el paso, cuenta uno de los organizadores.

La procesión va acompañada por castizos, con el traje típico de principios de siglo XX. En este caso, hay que hablar de manolos, que era el nombre que recibían los de Lavapiés, mientras que en otras zonas de Madrid eran conocidos como chisperos o chulapos. El vicepresidente de la Agrupación Los Castizos explica que la denominación de manolos se debe a que el barrio era la antigua judería de la ciudad y que en esta religión los primogénitos recibían el nombre de Emmanuel.

Verbenas para todos los gustos
Con el atardecer, todavía con mucho calor, llega el turno de las verbenas, la oficial en la plaza de Cascorro, con orquesta y casetas de feria; la "autogestionada" por el centro okupa Casablanca, la CNT y la Asamblea Vecinal de Lavapiés, en la plaza de Cabestreros, con bailes árabes y actuación musical; y otra, ya tradicional, en la calle del Oso, organizada por los vecinos.

Esta calle es la única que sigue engalanándose por San Cayetano. Sus vecinas llevan treinta años organizando esta fiesta, lo que también puede llamarse autogestión, en la que no falta una deliciosa limonada por la que se paga la voluntad y la actuación de Emy y sus muchachas, transformistas que cada 7 de agosto llenan de folclore y chistes picantes este rincón de Madrid. Por el aniversario, los vecinos prepararon un mosaico de fotografías con todos los que han participado en la organización de la verbena durante estas tres décadas, también los que ya no están.

La música continuó durante la madrugada en las plazas de este esquinazo de Lavapiés. Al apagarse los altavoces terminaron las fiestas de Cayetano. Pero aún queda mucho por delante, con las celebraciones de San Lorenzo (10 de agosto) y de la Virgen de la Paloma (15 de agosto).