Rafael Martínez-Simancas | Miércoles 28 de julio de 2010
Dice el mandamás del PSOE, Manuel Chaves, que no va a hablar más de Tomás Gómez y que en este asunto prefiere “guardar silencio”. No, hombre, no. Ahora es cuando el mandamás tiene que hablar, dar una explicación y decir a cuento de qué ha abierto una crisis en el PSM que se puede dar con la cabeza de su secretario general a la manera en la que se resuelven las cuitas en las películas negras, en un callejón sin salida.
Olvida Manuel Cháves que un nuevo movimiento de alarde aéreo, (vulgo paracaidismo), sería la puntilla para la labor de Tomás Gómez que fue avalada por una amplia mayoría en las primarias de hace tres años. Y, también, la puntilla del proyecto PSOE que en Madrid ha ido de desacierto en cagadita.
Piensa Leguina que detrás de este movimiento de Chaves, y de Blanco, está la oportunidad de “colocar” a sus amigos en los puestos de Madrid. Igual cree Barranco.
Por lo tanto Chaves claro que tiene que hablar, le debe una explicación al votante socialista madrileño y otra al secretario general del PSM, si no fuera porque la idea del PSM que tiene Cháves es parecida al de un campamento de menores tutelado. Y así no se ganan elecciones si no que se acumulan fracasos de forma continuada.
Toda la bronca alrededor de Tomás Gómez no es más que las consecuencias que ha provocado la filtración, interesada, de una conversación con el presidente de su partido y Gómez jura que él no ha sido. Lo demás, la “kriptonita”, las machadas y las salidas de pata de banco no son más que reflejo de los nervios que vive el secretario general de los socialistas madrileños. Pero nada de eso tiene que ver con su gestión, ni con las encuestas que nadie conoce, ni con el baile imprudente de nombres que generan cierta inquietud. Por eso Chaves tiene que hablar, por supuesto, más bien para que no se tome en solfa el trabajo de los socialistas en la región.
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