Pedro Fernández Vicente | Miércoles 28 de julio de 2010
Que Tomás Gómez no tiene una posición sólida es fácil de adivinar. Ya lo hemos dicho en este mismo espacio en otra ocasión, que tiene un enemigo difícil. Aunque en público se hicieran todo tipo de gestos de pacificación, el enfrentamiento que escenificó tiempo atrás con José Blanco le favorece muy poco de cara a mantener esa candidatura que pretende, para las elecciones a la Presidencia de la Comunidad de Madrid de 2011. Fruto de esas relaciones turbulentas son estos movimientos preocupantes para él, que pueden ser verdad o tratarse, únicamente, de los típicos globos desestabilizadores con la intención de ir colocando en las listas a los más afines, gracias a la debilidad que se provoca en el candidato. Es la política de la propaganda y del mal estilo, pero que tiene mucha vigencia.
Mientras el río suena, empiezan a aparecer nombres tan sólidos y de prestigio en la política madrileña como el de Jaime Lissavetzky, un hombre curtido en Madrid que sabe todo lo que se debe saber y más. De hecho fue Consejero en el Gobierno de Joaquín Leguina y ha estado en la oposición como portavoz del grupo socialista. También ha ejercido el debate en el Congreso de los Diputados, en la Comisión de Ciencia y Tecnología, donde puso en práctica sus conocimientos como químico. Y más aún. A todo eso se suma la gestión al frente del deporte español, que atraviesa el mejor momento de nuestra historia. Lissavetzky es un hombre respetado en la política madrileña y, sin duda, una persona con muchas opciones, si finalmente estuvieran pensando en él para competir con Tomás Gómez en unas hipotéticas primarias, que por cierto, con la crisis de imagen que atraviesa el líder nacional del PSOE, no sería conveniente.
Hay otros nombres como el de la Ministra de Sanidad, que ya lo intentó en el Ayuntamiento madrileño, aunque en otro momento y contra Gallardón, que nunca es fácil oponente. Fue como echarla a los leones y, sin embargo, aunque perdió, no dejó mal sabor de boca. Y, aunque parezca de locos, las especulaciones hablan incluso de Rubalcaba. Pero el problema del PSOE en Madrid no es este o aquel candidato. Los ciudadanos tienen la sensación de que se improvisa constantemente, que no hay una política sólida, ni una oferta con garantías, es algo así como escoger el caballo mejor colocado cuando llega la cita electoral y ya está. Sin importar si es apropiado para Madrid, si lo conoce o si puede resolver esa cantidad de problemas que tiene una Comunidad y un Ayuntamiento como el que nos ocupa. Sugiere abandono y falta de preocupación por esta comunidad uniprovincial. Que sólo importa ganar, vamos. Lo de resolver problemas…ya veremos.
Siempre queda un poso de falta de respeto hacia los que vivimos aquí. Como si no importara. Es igual un candidato que otro. Alguien piensa que los madrileños, como no tenemos identidad, como no salimos a la calle a pedir un estatuto que nos separe de España o como no tenemos una bandera para sustituir a la que consideramos la nuestra, pues vamos a votar al primero que se le ocurra al dirigente de turno y ya está. Pero ya ven que no. Aquí se valora la gestión y, al menos, tener un candidato serio, que conozca esta tierra, sus problemas y que alguna vez haya pensado en la mejor manera de resolverlos. Por eso fracasaron candidatos tan válidos como Trinidad Jiménez o Miguel Sebastian. No sé si Gómez es el hombre ideal, pero es el que ha trabajado Madrid. Tenerle en cuenta no sería un error.
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