Opinión

Se prohíbe…prohibir sin educar

Milagros Hernández | Lunes 26 de julio de 2010
Construir una sociedad no es fácil. Construir un pensamiento menos y construir la convivencia necesaria para vivir en este mundo duro y complejo, alegre y triste, de ricos y pobres es como ir trazando una obra de arte.
Los trazos de la convivencia son las normas, reglamentos y prácticas de las que nos dotamos, unas acordadas por los gobernantes y otras construídas desde los ciudadanos libres y diversos. Pensamientos en definitiva que van y vienen.

Hasta ahora nuestros modelos de convivencia han sido capaces de ir tejiendo prácticas de respeto y tolerancia, de libertad y de derechos. Prácticas que a veces se han roto desde leyes o desde procesos que imponen sin debate normas, pensamientos y respuestas. Si nos paramos a pensar esto ocurre cuando se actúa desde modelos que no sitúan el desarrollo humano en el centro de actuación.

Últimamente estamos viviendo un proceso que impide el debate, el contraste de ideas, la diversidad  y a veces hasta niega la realidad. Un proceso que no permite otra opinión. Este proceso se traduce en una práctica de los gobernantes que de ser constante es peligrosa: la Prohibición.
Se esta empezando a prohibir casi todo: Se prohíbe el ‘burka’, se prohíbe la prostitución, se prohíben los graffitis, se prohíbe beber, se prohíbe fumar, se prohíbe comer bollos…

Y ¡Cuidado! No entro yo a valorar aquí que cosas son buenas o malas, en todo caso a mí no me han pedido opinión. Lo único que digo es que cada vez crecen más ordenanzas y opiniones de buenas costumbres morales y cívicas que me recuerdan a  otras épocas.

No todo lo que se desconoce o no se comparte se tiene que prohibir, hay asuntos que merecen debatirse para conocer sus causas y actuar desde el respeto dando tiempo al cambio, informando y educando. Si entendemos que las ciudades son escenarios de socialización, de encuentro, de intercambios, pero también de dificultades y conflictos, es necesario actuar, paralelamente en  la línea de la información y  educación cívica.

La solución no es prohibir, sino educar. Si no, echemos un vistazo a la actuación en el consumo de drogas y recordemos la Ley Seca en EE.UU. o la prohibición del café en Rusia. Echemos también un vistazo a Holanda: mientras el Estado español obtiene 100 millones de euros anuales en multas al consumo o la tenencia de cannabis, los holandeses ingresas el cuadruple en impuestos.
Es necesario que las normas, reglamentos, acuerdos políticos y sociales incorporen en sus objetivos y sobre todo en sus presupuestos la combinación Prohibir/Educar...¡A cada propuesta de prohibir, un programa para educar!

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