Opinión

La Constitución

Pedro Fernández Vicente | Miércoles 21 de julio de 2010
La subjetividad es uno de los ¿defectos? más visibles del ser humano, ¿o deberíamos decir características? La subjetividad nos obliga de mirar de determinada manera aquel proceder que otros lo interpretan de forma diferente. La subjetividad nos obliga a discrepar allá donde cualquier otro asiente.

Digo esto a cuento de la Constitución, esa norma que nos hemos fabricado entre todos y que nos afecta a cada uno individualmente y en conjunto, a los cuarenta y tantos millones de seres, españoles o no, que vivimos dentro de esta piel de toro. Da igual si nos sentimos de una manera o de otra, la ley de leyes está por encima, es la encargada de regular nuestra convivencia, según nosotros mismos.

Pues ahora, según parece, ya no vale. Pero no porque no valga en sí misma, sino porque el Estatuto de Cataluña no es constitucional, en alguna de sus propuestas. Y entonces ¿qué hay que hacer?, cambiar esa Ley con mayúsculas, la que afecta a todos para adecuarla a ese sector que, aseguran, están incómodos dentro de ella. Cabe una pregunta, que surge de la nada: ¿No sería mejor y más fácil acomodar el Estatuto? ¿A nadie se le ha ocurrido? Creo que no porque el debate que oigo permanentemente es ese: Que la Constitución se  ha estrechado. Produce incomodidades. Por cierto, ¿cuántos son los que no encuentran acomodo?

Es posible que la Constitución necesite una modificación, después de tantos años de funcionamiento correcto. Y, de paso, que cambien la ley electoral, que evitará muchos dolores de cabeza. Pero antes de abrir ese melón, que nos puede llevar a un lugar desconocido, sería preciso un análisis profundo, delimitar exactamente los cambios, no vaya a ser que con tantas cosas que tenemos que arreglar, porque no funcionan, vayamos a estropear la única que no necesita reparaciones.

Hace unos días Juan Luis Cebrian, el ex director de El País, sugería, o algo más que eso, en un acto, una invitación a quienes estén por la labor de iniciar un debate, popular y en los medios, sobre la necesidad de pensar en una España Federal. Buena idea, sobre todo si viene a significar el final de la descentralización y nos podemos ocupar, de verdad, de los problemas que tenemos todos; catalanes, vascos, andaluces, gallegos, madrileños… problemas comunes, que son la mayoría.  Bienvenido el debate federalista si ha de servir para que tantos políticos y tan hambrientos de poder puedan saciar de una vez por todas, sus demandas.

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