Rafael Martínez-Simancas | Lunes 19 de julio de 2010
¡Cuerpo a tierra que llegan las fiestas!, se nos habían olvidado los sucesos de Pozuelo en septiembre del año pasado, (aquella “pijoborroka” que degeneró en algarada callejera y patada a seguir), cuando nos llegan noticias de Torrelodones dónde se han cruzado barricadas y se ha tomado la fiesta por su lado más amargo. Parece que si no corren los antidisturbios y hay vuelos de botellas sin motor la fiesta no es completa. “Gañanes de cromañón” que salen a cazar la noche porque es la única manera de ser alguien en el barrio, viruta social que no encuentra el sentido hasta que no prenden unas cuántas papeleras.
Contra ellos podrán enviar el ejército completo Alejandro Magno, si fuera necesario, pero resistirían unas cuántas horas, quizá hasta cuando amanezca.
La realidad es que tenemos un serio problema de orden público con una parte marginal de la gente joven a la que se les ha dejado el botellón cómo única alternativa de ocio y de desarrollo de su capacidad crítica. Nos hemos gastado mucho en flores y en cohetes para la patrona pero casi nada en educación y en hacer la vida más fácil a un sector social muy sensible, (también habrá quién diga que también muy caprichoso). Llevan una vida tan anodina, y tan falta de esperanza de futuro, que volcar un Renault Clío es para ellos toda una experiencia.
Y está sucediendo en Madrid y en los pueblos de los alrededores de París, en la llamada “banliue”. La diferencia es que aquí todavía nadie ha responsabilizado de los destrozos a la inmigración, (quizá sea sólo cuestión de tiempo porque esta asociación de ideas es muy barata y tiene un contagio sencillo).
TEMAS RELACIONADOS: