Buzón

La ley de la selva en Madrid

Diego Mas Mas | Miércoles 23 de junio de 2010
 

Es la ley de la selva en Madrid. Llegó en tromba una mañana, ocupando la calle principal y parte de las adyacentes, sin recabar el acuerdo o, al menos, avisar a los vecinos. Su excusa: hacer un aparcamiento que no hacía falta, y podía haberse construido el parque o terrenos baldíos cercanos.

Convirtió la vida de centenares de residentes, incluidos niños, ancianos y enfermos, en un constante martirio "sólo por dieciocho meses" -ya se ve que serán muchos más- que durarán sus malas obras, con su contaminación del aire y el ruido con que inmisericordemente daña sin cesar la salud de muchos, con máquinas cuyos pitidos se oyen sin cesar; incluso a las 6 y media de la mañana, como hoy.

Taló árboles de más de cincuenta años, cuya sombra protegía a los vecinos de poniente en los rigurosos veranos madrileños. Rompió los conductos de agua, y las vibraciones de sus máquinas rajaron los cristales de las ventanas de los vecinos. Arruinó a comerciantes que, como los vecinos en general, en vano protestamos individual y colectivamente.

Todo eso ¿qué le importa? Porque me llamo león, porque soy una importante constructora, muy bien relacionada con los de arriba, y así puedo vivir impunemente a costa de los vecinos del Barrio de la Concepción.