Conocidos como lazarillos, estamos acostumbrados a verles en transportes públicos, centros comerciales, paseando por la calle o mirando atentos en los pasos de cebra. Son los perros guía. Perros que toman el papel de ojos del que no puede ver. Madridiario ha visitado la única escuela de adiestramiento de España que es además, con sus más de 100.000 metros cuadrados, la mayor de Europa. Pertenece a la Fundación ONCE y se ubica en Boadilla del Monte.
Los primeros perros guía que llegaron a España en 1963 procedían de la escuela de Rochester, en Detroit (EEUU). A día de hoy, unos 24 perros al año siguen viniendo de este centro estadounidense. En 1990, la Fundación ONCE decidió poner en marcha una escuela española de perros guía, para lo cual concedió becas de formación a jóvenes interesados en escuelas británicas.
A día de hoy, la
Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG) forma cada año a unos cien ejemplares de labrador,
golden retriever y pastor alemán, razas muy adecuadas para lograr un necesario equilibrio temperamental. Deben ser animales inteligentes, vivaces y con muchas ganas de aprender.
“El requisito fundamental de un perro guía es que sea tranquilo. Tiene que aprender a caminar recto, cruzar recto, no distraerse con otros perros ni coger nada del suelo, acostumbrarse a los transportes públicos y a los lugares cerrados y, sobre todo, tiene que estar concentrado en guiar a la persona”, explica
Natalia Romero, una de las instructoras de movilidad de la escuela, mientras acaricia a
Edmon, un precioso labrador blanco que está en pleno proceso de aprendizaje.
Familias de acogida
Antes de comenzar con las enseñanzas de la escuela, los animales conviven un año con una ‘familia educadora’. Son familias que, voluntariamente, deciden acoger temporalmente a estos cachorros en su primera etapa de la vida, que es una etapa crucial porque incluye sus primeros pasos de adaptación al medio. Lo más importante para poder ejercer este tipo de voluntariado es tener tiempo. La instructora, que lleva más de 20 años formando a estos ejemplares, asegura que “al cachorro hay que hacerle caso, llevarle a sitios como centros comerciales y restaurantes y además no pueden estar solos más de dos o tres horas”.
Las familias tienen garantizado el derecho a acceder a cualquier espacio público acompañados con el cachorro, que deberá llevar un peto amarillo de la ONCE con la inscripción 'futuro perro guía', recogido en la
ley 23/1998 de la Comunidad de Madrid.
Una vez cumplido el año, las familias deben entregar a los cachorros en la FOPG y enfrentarse así a una dolorosa separación, aunque la mayoría de ellos repetirán la experiencia con otro cachorro. “Es un voluntariado muy duro, pero las familias saben que están cumpliendo una función social”, afirma Romero.
Entrenamiento
Con pena o sin ella, lo cierto es que al cumplir el año las familias devuelven por contrato los perros a la escuela –que se encarga de todos los gastos veterinarios y de alimentación- y comienza su auténtico adiestramiento. Esta fase dura entre seis y diez meses.
Se inicia reforzando la obediencia básica (sentarse, tumbarse, etc.) que el cachorro ya aprendió en la familia, para después “introducirles el arnés”, momento a partir del cual el animal tiene que asumir que, cuando lo tenga puesto, una persona irá a su lado dependiendo de sus ojos. “Tienen mucho trabajo que hacer en este tiempo”, explica la instructora que nos acompaña. Y es que este aprendizaje requiere un gran esfuerzo, cariño y conocimientos didácticos por parte del adiestrador.
Entrega
En la última etapa los animales deben superar pruebas y obstáculos que demuestren que están listos para el trabajo que desempeñarán a lo largo de su vida. “Los adiestradores nos hacemos los ciegos y vamos a chocarnos con obstáculos para ver si los perros son capaces de resolver el problema”, explica la instructora quien añade que “al final hay un porcentaje que no nos vale porque no llegan al nivel que exigimos”.
El principal motivo de este rechazo es un defecto físico que se llama displasia, una malformación de la cadera que no permite al animal estar al cien por cien de sus posibilidades, pero también pueden ser rechazados porque sean miedosos, demasiado juguetones, porque gruñan a otros perros o porque, simplemente, no les guste el trabajo. En estos casos, la FOPG se hace responsable de los animales y se los ofrece a otras personas.
Cuando se comprueba que el perro está capacitado para la función, pasará tres semanas conviviendo con su futuro dueño en la residencia de la Fundación. Ese periodo de tiempo es fundamental para la adaptación y acoplamiento de ambos, ya que el cambio del bastón al animal cuesta al principio. Tras esta fase, perro y dueño estarán preparados y unidos para enfrentarse a la vida real.
Para más información contacte con:
-Fundación ONCE del Perro Guía (www.perrosguia.once.es)
-Asociación de Usuarios y Amigos del Perro Guía de Madrid
Tlf: 91.532.50.00