Mara Colás Amor | Lunes 21 de junio de 2010
Estamos dando la bienvenida a este verano tímido que no acaba de despuntar y que nos sorprende en su nacimiento este lunes con temperaturas más bien bajas en tiempos de fiestas por finales de curso deslucidas por esa falta de calor.
Tiempo reacio al cambio de adecuación de estación, como lo está el resto de la sociedad a ponerse en el lugar que corresponde. Como se le olvida al ministro de Industria, Miguel Sebastián, ir en coche, como el resto de su séquito, en el desplazamiento de visita que hizo a la Nissan de Ávila, en expediente de regulación, en lugar de cargarnos el coste de 6.000 euros por el paseíto lujoso en helicóptero Superpuma que él solito usó para tan corto trayecto; luego que venga y nos cuente del ahorro en bombillas de bajo consumo...
Se olvidan igual quienes aprueban un coste de 12 millones de euros en una innecesaria sede nueva para el instituto de la mujer en tiempos donde el mantenerse en precario sería vital para no precipitarnos al vacío de la bancarrota pública; pero como el calor del verano son reacios a asumir las realidades que nos corresponden por tiempos.
Y mientras, la gran mayoría vive el delirio de los mundiales de fútbol de Sudáfrica, ajena al resto, ese acontecimiento que une a gentes de toda condición en comentario y bandera en esperanza y pasión de superación; en una forma de disfrute y olvido.
Da gusto ver estos días la plaza de Felipe II con banderas sobre puestos callejeros, en heladerías y escaparates, o la misma Castellana con enseñas nacionales adornando sus privados balcones y artículos múltiples en tiendas que nos recuerdan nuestro puntual espíritu nacional.
Esperemos que dure mucho, con el permiso de 'la Carbonero' y sus detractores, para que el frenesí del fútbol nos una al menos en algo: la unidad de nuestros colores.
Y quemaremos este miércoles en la noche de San Juan, y en los diferentes barrios que la festejan, los restos del pasado ingrato, el final del duro invierno que se resiste a marchar para dejarnos el cálido sol que haga olvidar o al menos minimizar un tiempo bochornoso, una constante de penumbra, frío y quiebra a nuestro alrededor, para que este jueves la luna llena de verano que brillará sobre Madrid empiece a tejer sobre cada uno de nosotros el bienestar y descanso tan perseguidos como esperados.
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