Pedro Fernández Vicente | Miércoles 16 de junio de 2010
Decía Josep Antoni Durán i Lleida, portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, en una entrevista publicada en el diario ABC, que él votaría en contra de una cuestión de confianza, si el Presidente del Gobierno acudiera a esa figura para pedir el apoyo de la cámara. Pero es una trampa. El presidente del Gobierno no necesita sus votos para salir airoso de tal circunstancia.
La cuestión de confianza y la moción de censura son dos herramientas de las que dispone el Congreso de los Diputados para ejercer el control al Gobierno. Son dos iniciativa distintas y que no hay que confundir. La primera de ellas nace a propuesta del presidente del Gobierno, lo mismo que la convocatoria de elecciones generales, y solo necesita el si del grupo socialista y la abstención, de la que se supone dispondría, de ERC, IU y el Bloque Nacionalista Gallego. De esta forma aseguraría una mayoría simple, que le permitiría continuar con su política. No tendría ninguna incidencia, por tanto, la oposición de CiU.
Otra cosa sería la puesta en marcha de una moción de censura. Esto nada tiene que ver con el Gobierno. La iniciativa le corresponde a los grupos políticos de la oposición, siempre que lo pidan, al menos el diez por ciento de los diputados, es decir, 35. En este caso, quienes tomasen esa decisión deben presentar un candidato a la Presidencia del Gobierno y, después de presentar un programa de Gobierno alternativo ante el Congreso, necesitarían de la mayoría absoluta para derribar al actual presidente. Una circunstancia más que difícil. Ahí si se podría pronunciar el Sr. Durán. Comprometerse en apoyar o no una situación para cambiar el rumbo de la política. Pero, aún así, harían falta un mayor número de diputados dispuestos a votar a favor de la iniciativa.
Esa es la razón por la que el PP no se decide a “coger el toro por los cuernos” y lanzarse a una empresa que, casi con toda seguridad, perdería.
No obstante la moción de censura, tiene otros objetivos en paralelo, y no solo el de echar al presidente del Gobierno y eso es, precisamente, lo que debe valorar el líder de la oposición, Mariano Rajoy. El Partido Popular tiene la ocasión de demostrar que es una auténtica alternativa de Gobierno, al forzar en el Congreso de los Diputados un debate sobre política y escenificar una situación de crisis y la necesidad de ese cambio que pregona, con la exposición de un programa alternativo claro que dejara vislumbrar si su opción podría ser lo que la economía y otros aspectos de la política española necesita en estos momentos. Un líder que aspira a gobernar en una situación como la actual, está obligado a impulsar un nuevo escenario de esperanza, que le convierta en esa realidad, aún perdiendo la moción de censura. La derrota de los votos actuales no oscurecería esa propuesta de futuro con una oferta a la sociedad y un planteamiento político y económico con credibilidad nacional e internacional, si es que lo tiene.
Es la política con mayúsculas. Es adaptar un proyecto a la realidad del momento, dar respuesta a las inquietudes y anular las dudas. Exactamente lo que necesitan los electores, los empresarios, los bancos, los inversores extranjeros, los mercados, etc, etc. En definitiva, poner sobre la mesa un camino mucho más apropiado garantizando la capacidad de la alternativa de gobierno, si es que es así, claro está
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