Opinión

El espectáculo de la Gran Vía

Ángel del Río | Martes 25 de mayo de 2010
A la Gran Vía sólo le falta que le echen animales para que tenga carácter de granja-escuela, dentro de las celebraciones de su centenario, o que se ponga un día a la semana un mercadillo medieval al estilo de los que se han puesto de moda por los pueblos, con motivo de las fiestas patronales, y que no deja de ser un mercadillo normal y corriente, de los de siempre, pero con vendedores disfrazados.

Y digo esto porque, para llenar de contenido la Gran Vía en este su primer centenario, y ante la ausencia de imaginación, se ha hecho de todo, casi nada a gusto de este consumidor madrileño y madrileñista que escribe, aunque me temo que en esto coinciden conmigo muchos madrileños más.

Con motivo de su centenario, pasó por la Gran Vía, por primera vez en su historia, el desfile del Carnaval; se han celebrado distintos conciertos; se alfombró el pavimento con una horrorosa alfombra azul, emulando burda y horteramente el chotis, según el cual habría de alfombrarse de claveles la Gran Vía.

No acaba aquí la cosa. Para llenar de contenido la efeméride del centenario, cualquier evento pintoresco en Madrid se traslada a este punto, y ya está, ya tenemos actividades por el centenario. La penúltima ocurrencia es que los emprendedores, aquellos que quieran vender su producto, su proyecto, eso, mejor dicho, su proyecto, utilicen la vieja técnica de vocearlo por las calles, de pregonarlo, y claro, experiencia tan antigua en el fondo y tan innovadora en el concepto, no podía tener otro escenario que la Gran Vía, concretamente la plaza de Callao. Esto ocurrió el pasado lunes.

Y la última ocurrencia la ha presentado el delegado de Economía, Miguel Angel Villanueva, y es un karaoke que se celebrará el próximo domingo con motivo del centenario de la Gran Vía. No hay grandes actos, ni hay grandes ideas, la imaginación es más bien escasita, pero algunos han preferido recurrir a actos singulares, cuya relación con la Gran Vía no hay por donde cogerla, antes de ponerse a pensar, de recabar ideas, de pedir sugerencias, que además les podrían haber salido gratis. Ya verán como en plena Gran Vía se termina organizando un concurso de trileros.

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