Carmen Balfagón Lloreda (Madrid, 1954) es licenciada en Derecho y la directora de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) desde 2004, donde trabaja por la reinserción de los menores que cumplen medidas judiciales en la región. Ahora se ha puesto como meta, además de alcanzar la 'reincidencia cero', la creación de un programa específico para jóvenes pertenecientes a bandas latinas, aunque reconoce que "es muy difícil una intervención con ellos, porque consideran a la banda como si fuera su propia familia".
La semana pasada se celebró en CaixaForum el foro 'Grupos juveniles violentos: estrategias de intervención' organizado por la Comunidad de Madrid a través de la ARRMI. ¿Con qué objetivo se organizó este encuentro?
Nosotros tenemos el objetivo único y básico de la reinserción, conseguir la
‘reincidencia 0’, en los chicos. Ya va hacer 6 años desde que nos propusimos realizar intervenciones que nos sirvieran para reinsertar a los muchachos. De ahí que tengamos programas, por ejemplo, de agresores sexuales o de maltrato familiar. Nos faltaba un programa específico dedicado a chicos que, con independencia del delito que hayan cometido, pertenecieran a bandas organizadas o a asociaciones ilícitas.
Estas jornadas las organizamos por una necesidad: necesitamos saber. Necesitábamos saber de otros países con más experiencia en estos casos. Por eso llevamos a un especialista de Estados Unidos,
Nelson Arriaga, y a otros especialistas británicos que nos hablaron del fenómeno. Cuando mejor conozcamos lo que pasa, mejor podremos actuar. Además, aprovechamos para presentar un estudio sobre el tema, en el que llevábamos dos años trabajando con la
Fundación Diagrama, que nos permite
sentar las bases en cuanto a la intervención.
¿Qué diferencia hay entre las bandas latinas que podemos encontrar en Madrid y las conocidas ‘maras’ de Centro América?
Banda y ‘mara’ es lo mismo. Si que es verdad que desde el ámbito de la sociología se dice que los delitos que se cometen en las ‘maras’ son de mayor violencia que los que se pueden cometer en una banda juvenil. Eso es lo que hay demostrado. Representantes del Ministerio del Interior dijeron que en España no hay bandas violentas pero el propio
Nelson Arriaga –ex jefe de la Unidad de Inteligencia e Investigación de Pandillas del Departamento de Policía de Los Ángeles (EEUU)- nos dijo que había muchas bandas de inmigrantes de países como Ecuador, Colombia y Honduras que se están implantando en España. Nosotros creemos que sí que hay bandas.
¿Se ha notado últimamente un incremento del número de menores que ingresan en los centros que pertenecen a bandas latinas?
Hay un dato objetivo. Hace cinco años, cuando preguntaban de dónde procedían los menores que cumplían medidas judiciales –aparte de los españoles-, el siguiente grupo más numeroso era el de marroquíes. Ahora ha bajado el número de marroquíes y ha subido el de chicos latinoamericanos. No todos los latinos que tenemos son pertenecientes a bandas, pero sí un gran número de ellos. Si la instrucción por parte de la Fiscalía no se lleva de manera adecuada no vamos a saber si está clara la pertenencia o no a bandas. Con estas jornadas también pretendíamos que hubiera una mayor coordinación entre las Fuerzas de Seguridad del Estado y las Brigadas de Información para este tema. Todos estamos en la misma línea y lo que pretendemos es coordinarnos para hacer intervenciones adecuadas para estos chicos. Si sabemos que ellos entienden a la banda como si fuera su familia, es muy difícil una intervención. Por otro lado, en la Comunidad de Madrid todas las intervenciones que se han realizado hasta el momento son pioneras.
¿Y qué aspectos concretos considera que son los que hay que tener en cuenta a la hora de trabajar en la reinserción de estos chavales?
Cada chico es distinto. Si nosotros estamos teniendo éxito es porque vemos al chico de manera individual, analizamos el delito y, una vez detectado, aplicamos el programa que es óptimo para que ese chico se reinserte. No generalizamos, conseguimos la reinserción de una persona partiendo de esa persona, de sus carencias, de lo que él entiende por bueno, de saber qué le ha llevado a cometer el delito. Es como en la vida. Si uno tiene un problema de riñón, va al nefrólogo, si tiene problemas respiratorios, va al neumólogo. Esto es lo mismo. Si un chico ha cometido un delito de agresión sexual, vamos a tratarle con un programa específico para intentar que no vuelva a cometer un delito contra la libertad sexual y que no sea un agresor de por vida.
Durante el encuentro también se habló de que los medios de comunicación en ocasiones criminalizan a los menores infractores. ¿Cree que esto es así?
No. Lo que sí es verdad es que a veces los medios de comunicación están carentes de información. Los medios tienen una responsabilidad extraordinaria, porque a diferencia del trabajo que haga un educador, un funcionario o un juez, los medios crean opinión. Un ciudadano ve un programa de televisión y, según lo que se hable, se forma una idea. A veces los medios transmiten opiniones que suelen ser subjetivas de periodistas y que, si están carentes de información, deforman la realidad.
Por ejemplo, es destacable el caso de la
agresión de la chica del ferrocarril de Leganés a la que una serie de jóvenes le dieron una paliza tremenda. Da qué pensar cómo está la juventud y qué violencia tienen esos jóvenes y de eso fue de lo que se habló en los medios. A mi me llama la atención que los medios de comunicación no hicieran la reflexión de qué está pasando en nuestra sociedad si a una joven le dan una paliza y nadie hace nada. Me refiero a que ninguno, de los 70 pasajeros que se encontraban en el vagón, interviniera. Hay que decir que no todo es negativo y también existen casos opuestos, como el del ciudadano que recibió una medalla de la Comunidad de Madrid porque evitó la agresión de una chica en el Retiro a pesar de recibir dos navajazos.
Sabemos que el 89% de los menores que cumplen medidas judiciales se reinsertan pero, ¿qué percepción cree que llega a la sociedad de los menores infractores?
Creo que a lo mejor llega la percepción de que los menores son impunes. Yo puedo asegurar que en la Comunidad de Madrid la impunidad no se da, a no ser que las Fuerzas de Seguridad del Estado no sean capaces de ‘pillarle’. Pero eso también pasa con los adultos. Hay mucha costumbre de decir que a los menores no les pasa nada pero no es cierto. En Madrid, en aplicación de la Ley orgánica 5/2000, a un menor de 14 años que ha cometido un delito se le aplica la ley de manera automática. No queda en libertad. Si se transmite la imagen de que no les pasa nada, puede alertar a otros para que cometan delitos. Yo creo que la opinión pública no ve que esto sea así.
Nosotros creemos que la reinserción existe. Lo que tiene que entender la opinión pública es que en la Comunidad de Madrid existen medios, recursos y programas que hace que quien cometa un delito, lo pague.
¿Qué opina de la actual Ley del Menor?
A mi la ley me preocupa en la medida en la que nos corresponde aplicarla. A mi no me corresponde decir si hay que modificarla o no. Sí que es cierto que la legislación se tiene que adecuar a cada momento. A nosotros nos gustaría tener un poco más de tiempo para reinsertar a los chicos, sobre todo porque cada caso es diferente. No es lo mismo un chico que roba con violencia que otro que asesina. Y digo asesina, y no mata, porque el asesinato conlleva una premeditación, una alevosía…. Ese chico a lo mejor necesita más tiempo. Entiendo que es necesaria una reflexión sobre la ley. Hay que evaluarla, cosa que no ha hecho el Gobierno de la Nación a pesar de que estaba previsto. Ha tenido cinco modificaciones pero en ninguna de ellas se ha consultado a las comunidades autónomas ni a los que la ejecutamos. Yo creo que nos podrían preguntar.
Últimamente está habiendo una reorganización de los centros de menores ¿con qué intención?
Con la de seguir cumpliendo con las intervenciones. El otro día, por ejemplo,
inauguramos los nuevos programas en San José de las Heras, donde se ha hecho un programa para chicos que cometen maltratos a la pareja y otro para padres. Los primeros están siendo juzgados por delitos de maltrato familiar, así que hemos elaborado actuaciones específicas. Para los segundos se trata de ayudarles a que asuman una paternidad responsable a pesar de estar cumpliendo medidas judiciales. Vamos cerrando los centros en función de los programas. La Agencia nunca estará parada porque nos vamos moviendo en función de lo que vamos investigando. La reciente investigación sobre bandas latinas seguramente nos lleve a poner en marcha otro programa.
¿Qué proyectos tiene la ARRMI de cara al futuro?
Reincidencia cero. Ese es nuestro único proyecto. Nuestro objetivo es conseguir que ningún chico que pase por nuestros centros vuelva a reincidir. Una vez que el chico ha cometido el delito, nuestro objetivo es que no lo vuelva a cometer. Hemos logrado un quórum entre las instituciones y las universidades. Entre el que puede hacer que son las instituciones y el que sabe, que son las universidades. En el medio está la Agencia y ahora mismo somos una esponja.