Opinión

Tomás Gómez

Pedro Fernández Vicente | Miércoles 05 de mayo de 2010
Los nervios no son buenos compañeros de viaje para nadie y menos en política. El enfrentamiento que ha escenificado Tomás Gómez con el Ministro José Blanco  responde a una situación de incertidumbre, por el retraso en la elección de candidato a la Comunidad de Madrid,  que  ha dejado a más de uno descolocado. Se está poniendo nervioso porque no hay una definición clara sobre el candidato y encima se detectan movimientos en otros sentido. Gómez está nervioso porque, además, su situación en Madrid es un tanto delicada.

Por otra parte, el líder socialista quiere enfrentare dialécticamente a  Esperanza Aguirre. Todavía falta un año para las elecciones autonómicas, pero a Gómez, se le escapa entre las manos la posibilidad de contrastar ideas con la presidenta de la Comunidad, dispuesta a discutir con todos menos con él. No consigue un debate de igual a igual. Y es lógico. Ese es uno de sus problemas, que no está en la Asamblea y la Presidenta no le reconoce como interlocutor y no lo ha hecho en los tres últimos años de esta legislatura, que es el período durante el que Tomás, ex alcalde de Parla, el hombre más votado de los municipios madrileños, recogió el testigo de Rafael Simancas para liderar al PSM. Pero se hizo con un fallo de cálculo insalvable: que no era diputado en la cámara madrileña. Puede parecer poca cosa, pero no lo es. Los debates se producen en la asamblea y de ellos sale gran parte de las informaciones que se trasladan a los medios. Y en esas informaciones, él, nunca está. Y tampoco es quien debate en los medios, siempre ocupa su lugar la portavoz del grupo parlamentario. Tomás Gómez ha cometido errores como líder madrileño de los socialistas, pero también es verdad que no lo ha tenido fácil. Los tres años que lleva intentado ser alguien en Madrid y que le conozcan quienes tendrán que votarle dentro de un año, ha sido un camino lleno trabas, incluso  dentro de su propio partido, donde tuvo apoyos al principio, pero hay quien no mantiene aquella confianza.

Todo parte de un mal planteamiento. Si la idea era que Simancas abandonase Madrid, en caso de volver a perder, hubiese sido necesario situar en el número dos de la candidatura a Tomás Gómez, en quien, se supone, se había pensado como sustituto. ¿O es que no se había pensado?
De aquellos polvos, vienen estos lodos. Y cómo en política no se tienen en cuenta los orígenes, sino el resultado final, pues Gómez no está en una situación fácil. ¿Por qué?, porque no se ha ganado con hechos la confianza de quienes nunca han estado al cien por cien a favor de su candidatura, como es el caso del lucense Pepe Blanco, de quien se queja estos días.
Hoy por hoy nada ha cabido oficialmente, aunque Gómez ha puesto nombre y apellidos a su enemigo interno. El ex regidor sigue siendo el hombre designado para intentar desbancar a Esperanza Aguirre, pero necesita la confirmación para moverse con soltura. Eso mirando siempre de reojo, porque  Don José no es buen enemigo, porque es Ministro, porque manda mucho, por la credibilidad y por el respeto de que goza en el partido.

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